Born in the Argentina

Bruce Springsteen pasó por Argentina y dejó un regalito

"The Boos"desplegó todo su carisma y vitalidad durante las tres horas y media que duró la fiesta del más puro rocanrol en Geba. Además grabó un video donde recuerda su visita anterior, hace 25 años, con una versión de "Solo Le Pido A Dios" de Leon Gieco. !Mirá el video"
martes, 17 de septiembre de 2013 · 10:03

NECOCHEA (Cuatro Vientos) - El estadounidense Bruce Springsteen desplegó todo su carisma y su  vitalidad durante las casi tres horas y media que duró la fiesta  del más puro rocanrol en el estadio Geba, en un concierto que  quedará para la posteridad por su calidad y por un catarata de  momentos emotivos.

En un video que aquí te mostramos, "El Jefe", nos cuenta sobre su anterior llegada a Argentina: "

Hola Buenos Aires, hola Argentina! En 1988 vine a Buenos Aires para el tour de Amnistia Internacional. Mis recuerdos estan muy vivos de aquel tiempo. Vinimos a Argentina cuando el pais estaba pasando dificil y luchando por tener un futuro. Para un extranjero Argentina estaba vivo, prometedor. Asi que es una gran inspiración para mi estar de vuelta y quiero dejarles esta canción para el pueblo de Argentina", expresa en la grabación.
 
Hubo que esperar 25 años para que el héroe de la clase  trabajadora estadounidense volviera con sus roncaroles, sus  capítulos country y folk a la Argentina, que lo recibió en Geba con  una noche fría, que será difícil de olvidar.

Springsteen es un showman descomunal, no es el demagogo al  estilo Bono, tampoco es el animal del escenario erótico sexual al  estilo Madonna o Mick Jagger, lo suyo pasa por provocar empatía en  la audiencia y que ésta se identifique con un tipo común, que puede  ser un ex jugador de futbol, un obrero metalúrgico o un docente.
Para concretar una faena gigantesca y en forma exitosa, hay  que tener buenos acompañantes y la E Street Band es descomunal y  para esta gira se sumaron tres excelentes coristas afroamericanos,  un percusionista, y una sección de vientos con cinco integrantes.

Y toda esa labor la corona Springsteen con un despliegue  físico increíble, con mucho carisma, simpatía y humildad, porque en  el fondo se trata de un trabajador que concretó su sueño de ser un  ídolo del rock and roll.
Pero además hay que dotarlo de sustancia y Springsteen la  tiene, desde lo lírico, con letras que en sus últimos álbumes han  expresado los diferentes estados de ánimo de la sociedad  estadounidense frente a las guerras y a los gobiernos de George W.  Bush y Obama.
El "Boss” (jefe) tiene además un bagaje musical enorme,  gigantesco, que parece remitir a Bob Dylan y a Neil Young, pero que  ayer se convirtió en el Instituto Smithsoniano de la música  estadounidense, ya que repasó la influencia de Pete Seeger, Woody  Guthrie, del blues campesino, del country de Hank Williams y Johnny  Cash, del soul y el góspel de los sellos Motown y Stax.
Y este anuncio de que Springsteen abrió la Enciclopedia de la  Música americana se vivió desde el primer instante, cuando el  estadounidense abrió el concierto con el clásico negro spirituals  con cierto aire folkie “This little light of mine”, compuesta por  los años ´20.

Allí estaba el jefe con su Telecaster color madera, el  entrañable Little Steve Van Zandt con una mandolina, el genial Nils  Lofgren, que "peló” toda una colección de guitarras estupenda a lo  largo de toda la noche.
También estaban la violinista y guitarrista Soozie Tyrrel, el  pianista y tecladista Roy Bitan, el "capo” del Hammond Charles  Giordano, el bajista Gary Tallent y el notable amo del beat, Max  Weinberg.
Junto a ellos tres coristas negros que le dieron un color  maravilloso al concierto y la espectacular sección de bronces que  también fue responsable de que la noche fuera inolvidable.

El inicio casi fiestero le dio paso a la épica de los himnos  springtenianos en este caso a través de “We Take care of of our  own” de su último disco “Wrecking ball”, un álbum notable que  confirma que Springsteen es uno de los dioses del rock más  vigentes, ya que se permite tocar muchas canciones de sus últimos  discos y que su audiencia ya las haya convertido en clásicos. A eso  se lo llama vigencia.
Sin dejar respiro, Bruce desempolvó el primer clásico con  Bittan aporreando su piano y Weinberg demostrando la precisión y  fuerza de sus golpes para la hermosa “Badlands” de 1978, que remite  inmediatamente al hermoso filme homónimo de Terence Mallick con  unos jóvenes Martin Sheen y Sissy Spacek.

El primer segmento mostró a la banda uniendo una canción con  otra, a Springsteen seduciendo al publico como en “Death to my  hometown” que tuvo una épica de casi marchita militar, con dos  bombos militares y los bronces aportando aires bien de película  bélica, con el aporte y el color de una tuba.
Con Springsteen ya animándose a recorrer las pasarelas a los  costados del escenario junto a Jackie Clemmons, el nuevo  saxofonista del grupo, heredero del puesto de su tío, el gran  Clarence Clemmons, que falleció hace menos de un año.

Ese espíritu de fabula de rocanrol se apodero de todo el  estadio cuando sonó la hermosa “No Surrender", del disco “Born in  the Usa”, con la que Bruce ganó confianza y se animó a caminar al  frente del vallado y pasearse saludando gente junto a Clemmons y a  Lofgren.
Otro característica notable de Springsteen es cargar a las  canciones de un intenso dramatismo y meter a la audiencia en una  película de entre cinco y 8 minutos en los que se cuenta lo que  sucede en la canción, como ocurrió con “Downboud Train”, también de  “Born in the Usa”.

Mientras interpretaba “Something in the night” y “Spirit in  the night”, Springsteen se largo de nuevo hacia el vallado y  comenzó la labor de "delivery musical”, que ocuparía algunos  segmentos de la noche.
Los fans del club "Greetings from Argentina” conocen las  características de los conciertos del Jefe y fueron a Geba con los  nombres de canciones escritos sobre cartulinas, cartones, o  papeles.
Bruce toma una gran cantidad de esos afiches y le mostró uno  de ellos a su banda que arranco con la hermosa “Cover me”, lo que  demuestra que la E Street Band sale de gira con alrededor de 80  temas ensayados, porque la lista de pedidos es inmensa.

Así aparecieron grandes versiones de clásicos como “The  River”, “Because the night” que el Jefe le regalara en los ´70 a  Patti Smith o la bonita y más nueva “She´s the one”.
Además Springsteen tiene grandísimos álbumes acústicos  grabados y de ellos y a pedido de un cartel entregado por los fans  interpretó la bella “The promise land”, en donde muestra su fase  más optimista, en donde supera los rencores hacia las  administraciones republicanas en su país.
Otro momento mágico llegó de la mano de los teclados de Bitan  y el Ammón de Giordano que le dieron un toque especial a otro  clásico como “Hungry Heart”, que fue seguido por otro momento  dramático y político de la noche.

Weinberg y Tallent comenzaron a tocar una base dura y oscura  para que Springsteen recitara encima “41 disparos”, una sentida  canción en la que el "Boss” rescata del olvido el asesinato del  inmigrante africano Amadou Diallo en Nueva York en febrero de 1999,  a manos de la policía.
Con esta canción, Springsteen la emprendió contra la policía  de gatillo fácil del ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani y  denunció que la política de “tolerancia cero” que este dirigente  pregonaba era en el fondo una constante violación a los derechos  humanos.

Casi en forma inmediata, Springsteen cambió el clima y  arremetió con el hermoso rockito country “Darlington Country”  durante el cual corrió hasta el mangrullo, le pidió a Tyrrel un  solo de violín y luego a Clemmons que cerrara la canción con su  saxo.
Sin dejar de viajar por la profundidad de los Estados Unidos,  la E Street Band volvió a tomar forma de Big Band de country jazz  para la hermosa “Shackled and drown” del disco “Wrecking ball”  donde destacó la labor de la bellísima corista Cindy Mizelle.

Este segmento del concierto incluyo clásicos bellísimos,  himnos del rock como “Thunder Road”, con un gran desempeño de  Jackie Clemmons en el saxo, junto a algunas de las canciones más  esperanzadoras y optimistas de sus últimos discos como “Waitin` on  a Sunny Day”, “ The Rising” y “Land of Hope and Dreams” y a esta  última le agregó una estrofa y la melodía del clásico “People get  Ready” de Curtis Mayfield en los últimos minutos.

Luego Springsteen quedó solo con su armónica y su acústica,  dijo algunas frases en castellano, recordó su paso por River y  Mendoza hace 25 años y prometió volver muy pronto antes de tocar la  folkie “We are alive” a la que siguió el clásico “Born in th Usa”  con los bronces haciendose cargo de la melodía.
Springsteen ha escritos himnos ruteros, canciones sobre autos  y viajes en motos y lo que la velocidad significa como sinónimo de  libertad y uno de ellos es “Born to run” que tuvo una duración  alocada de casi 8 minutos, con Bruce corriendo a lo largo del  vallado y dejando que los fans golpearan las cuerdas de su  Telecaster.

Volvió al escenario, reviso los carteles de los fans y le  mostro a la banda uno que decía “Días de Gloría”, un clásico  fiestero de “Born in the Usa”, donde Springsteen volvió a reírse  como loco jugando algunos pasos de comedia con su amigo Little  Steven Van Zandt.
Los bronces tomaron el control del escenario y arrancaron con  la melodía de “Dancing in the dark”, donde toda la banda se  emocionó con la respuesta del público al punto tal que emulando su  viejo video,

Bruce saco a una chica bailar y luego a otra le paso  su acústica Takamine para que tocara los últimos minutos de una  locura bailable que duró casi 10 minutos.
Luego todos los músicos se tomaron unos minutos para ellos  mismos al desempolvar “Tenth Avenue Freeze Out”, un clásico del  disco “Born to run” para recordar a dos integrantes de la E-Street  Band fallecidos, el saxofonista Clarecen Clemmons y el tecladista  Danny Federici a través de las gigantescas pantallas ubicadas al  costado del escenario.

Con las luces del estadio ya encendidas, Bruce recorrió por  enésima vez todo el vallado y regreso al escenario para despacharse  con una versión entre ska y soulera de “Shout” el clásico de los  Isley Brothers, para luego pedir clemencia extenuado.
Antes de irse, agradecer emocionado al público y prometer un  pronto regreso, mostró una faceta estupenda que tiene y es la del  artista acústico, con una poesía increíble, con letras de fuerte  compromiso social como “This Hard land”.

Logró un silencio tan respetuoso, mientras tocaba su  acústica, que podían escucharse las hojas sacudirse por el fuerte  viento en una noche que pudo haber sido muy fría fuera de Geba,  pero que dentro del estadio fue de alta temperatura, con clima de  fiesta y de una entrega absoluta por uno de los rockeros más  importantes que tiene la escena desde hace más de 30 años.


 

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