¿QUERÍAN FICCIÓN?

Medios K y ficción: Cuando la finalidad es hacer política y no informar

Buscando el enemigo en los medios de comunicicaión, el kirchnerismo se encuentra con que es su propio enemigo cuando logra observar su propio reflejo, algo que no sucede con frecuencia. Ese modelo de ceguera también se aplica a Necochea.
martes, 13 de mayo de 2014 · 09:28
NECOCHEA (Cuatro Vientos) - La polarización de la que hizo uso el kirchnerismo de manera hábil a lo largo de toda su gestión a cargo del gobierno, una serie de recursos retóricos que le permitieron mantener su discurso en el tiempo más allá del vacío real de sus premisas, se encontró a partir del 2008, luego del conflicto del gobierno nacional con el campo por las retenciones, con un "enemigo" que agrupó forzadamente y nunca supo como manejar: los medios de comunicación.

En su afán por controlar qué y cómo se dicen las cosas y la manera en que se mueve la opinión pública, el kirchnerismo cayó en una obsesión que lo tiene acorralado dentro de su propia lógica, aún cuando la mayoría de sus militantes, cegados en su razón por una obstinada repetición de argumentos desgastados (y la mayor parte de las veces incongruentes con su propio accionar) no es capaz de reconocerlo.

En Necochea en particular sobran los casos del periodismo militante, una aberración de estos tiempos en los que se confunde la política con la chicana constante y la mediatización del discurso con propaganda, en una lucha por imponer una agenda en vez de recabar información relevante sobre lo que sucede en la sociedad. Para eso, desde luego, se necesita una audiencia, que desafortunadamente (para ellos) los periodistas militantes no consiguen, aunque no es problema porque los ingresos los consiguen de sus padrinos políticos.

Las operaciones de prensa, los rumores y los trascendidos falsos están a la orden del día y en el fervor militante, en su labor de prensa y no de periodismo, se emiten (y repiten) proposiciones que parecen consistir más en lo que se proyecta en los medios que en lo que sucede en la calle, donde al fin y al cabo, como decía el General, "la única verdad es la realidad".

Se observa a cuadros militantes, sobre todo los más jóvenes y entusiastas, alimentar la beligerancia como si estuvieran ellos mismos en los 70's, combatiendo algo que en realidad no conocen del todo y señalando de "mentirosooligarcagorilafacho" a todo aquel que se atreva a decir algo que no se acota específicamente a lo que dice Cristina mientras mira la hora de irse al Calafate en su reloj de oro.

Esa militancia, más amiga de señalar el fallo ajeno que reconocer el propio, busca en los medios un enemigo para reproducir la pelea que tiene nivel nacional en su pago chico. En Necochea se mueren de ganas de encontrarse con su propio Clarín con un entusiasmo que de tan forzado, da un poco de pena y cierta nostalgia por el debate amplio y horizontal que parecía proponer en serio Néstor allá por el 2003, voluntad que (por supuesto) hace rato que no existe.

Tratar de ganar la agenda mediática con frases del tipo "Que el Parque no nos tape el Consejo Escolar" o con especulaciones sobre la interna momista alrededor del "relanzamiento" del ente regulador del Parque sólo revela que su interés está centrado en lo que les interesa imponer en la opinión pública más que en una preocupación real por los temas de la comunidad. Esa es la clave de su fracaso en su política mediática, tanto acá como en el resto del país: intentan forzar la realidad a su propio relato en lugar de moverse de manera versátil entre las diferentes propuestas del debate democrático.

Para quienes les quepa el sayo va el texto de Carlos Salvador la Rosa para el diario Los Andes de Mendoza, titulado "¿Querían ficción?, les dimos ficción", una reflexión sobre los medios de comunicación en la Década Ganada, que posiblemente la militancia no llegue a reconocer:

Si previo a los K la política ya era muy dependiente de lo mediático, ahora la única política es lo mediático, algo que de una manera u otra ocurre en todas partes del mundo pero que por estos pagos alcanza un nivel tal que se ha vuelto incontrolable, inmanejable. Esta anomalía tiene que ver con la política de medios que el kirchnerismo intentó imponer a sangre y fuego desde 2008, cuando le salió el tiro por la culata logrando exactamente lo contrario de todo lo que se propuso. Pero hagamos un poco de historia.
 
Farándula     
 
Si bien el actual gobierno tiene cientos de periodistas propios, no ha logrado que ninguno pueda medir un céntimo de rating, tanto los que inventó como los que cooptó, mucho peor estos últimos que si antes de hacerse K tenían algún valor propio, al oficializarse directamente lo perdieron. No pasó lo mismo con Carlos Menem que tuvo periodistas que le sirvieron a sus propósitos porque aun haciéndose oficialistas, mantuvieron altos niveles de popularidad.
 
El caso paradigmático fue el de Bernardo Neustadt, tanto o más importante que Menem o Cavallo para hacer tolerable a la sociedad la política de privatizaciones a destajo.
 
Es que a diferencia de los Kirchner, Menem no llamó a los mediáticos a su seno, sino que él fue al seno de los mediáticos. No quiso hacerlos como él, sino él hacerse como ellos. 
 
Mezcló política con espectáculo y farándula como nunca antes, eliminando toda límite entre ambas cosas, pero el riojano no quiso comprar o apropiarse de Tinelli o de Maradona haciéndolos menemistas sino más simplemente ser como ellos, fusionarse con ellos, hablar y actuar como ellos, llegando Menem a ser más mediático que político, más televisivo que real. Más que comprar famosos, negociaba con ellos.
 
Mediáticos
 
Cuando el poder de Carlos Menem se fue apagando, una troupe de tenebrosas criaturas mediáticas surgidas a su calor quedaron fuera de control, lo que alcanzaría su pico de delirio durante el surrealista gobierno de Fernando de la Rúa. Vedettes, timberos, bizarros, exhibicionistas, incontables desahuciados como los hermanos Silvia y Guido Suller pululaban por las pantallas con su menemismo sin Menem a cuestas habiéndose tomado en serio eso de la frivolización de la política, tanto que luego del estallido de 2001 hasta quisieron formar un partido de mediáticos para tomar el poder.
 
Un documento imprescindible para entender cómo se desarrolló ese fenómeno fue el programa TVR (Televisión Registrada), de Diego Gvirtz, que, de un modo objetivo y entretenido, se burlaba de los excesos y locuras de tales personajes.
 
Gran Hermano
 
Con el tiempo fueron quedando los mediáticos más exitosos: desde el eterno Tinelli hasta tipos que fueron creciendo por su amoral audacia como Jorge Rial, mientras que el resto de los mediáticos se perdió en el olvido del que eran rescatados de tanto en tanto para burlarse de su patetismo ahora decadente. 
 
En remplazo,  un nuevo fenómeno fue surgiendo con los Gran Hermano y los otros reality shows. La gente común, los que hasta entonces sólo eran el público al que se dirigía la tevé, comenzaron a introducirse en ella como protagonistas.Vidas anónimas, grises, del montón, eran exhibidas con impudor tratando de mostrar sus miserias para ganar rating.

Las pobres víctimas se prestaban soñando con que la fama los compensaría por la indignación sufrida, mientras que las grandes masas contemplaban desde sus casas este nuevo circo, muchos esperando llegar a la tevé ellos también. Eran los raros tiempos en que una trasmisión de Gran Hermano conducida por Jorge Rial destrozaba en rating a Tinelli y Maradona juntos, compitiendo desde otro canal. 
 
Vidas privadas
 
El apogeo de los seres anónimos en busca de la fama mediática también tendría su fin como lo tuvo el de los mediáticos, pero esta invasión de los de detrás de la pantalla en la pantalla dejó algo permanente que los trascendería: el interés por las cuestiones privadas.
 
Desde entonces la televisión iría sustituyendo poco a poco todo esbozo de ficción para entretener a los públicos, cambiándolo por la divulgación sin contemplaciones de la vida privada de los personajes públicos del modo más sensacionalista posible.
 
Los actores y actrices, en vez de ser creadores de personajes televisivos de fantasía, pasaban a ser ellos mismos los personajes siendo desnudados en su intimidad. Se pasó de la exhibición de la miseria de los desconocidos concursantes de los reality shows a la exhibición de las miserias íntimas de los famosos. Muchos lo aceptaban gustosos para aumentar su fama.
 
Los Kirchner y los medios (1ra. etapa: tanteos)
 
Si bien es cierto que la televisión seguía su pendiente descendiente en cuanto a calidad para conseguir el favor de los públicos haciendo todo lo que el rating pedía, también es verdad que en los primeros tiempos de los Kirchner, política y televisión se separaron bastante en relación con la época menemista y sus efectos caóticos posteriores. 
 
La política, aunque no los políticos, había vuelto a recuperar autoridad y todo lo propio del poder se discutía más en sus términos que en los mediáticos. Se había alcanzado un equilibrio donde la política se ocupaba de la política, y la tevé de la tevé. Ambas también con sus propias taras pero sin superponerse.
 
Néstor Kirchner trataba de convencer a periodistas y artistas de las bondades de su proyecto pero aún aceptaba disidencias aunque tratara de llevar la mayor cantidad de agua posible hacia su molino e ir constituyendo su propia tropa periodístico-cultural cosa que siempre lo obsesionó. Pero aún lo hacía a través de la seducción hacia sus políticas, no mediante la imposición.
 
Los Kirchner y los medios (2da. etapa: guerra) 
 
Todo cambió con la sublevación del campo en 2008. Allí Néstor se persuadió definitivamente que en ese debate político para él fundamental, fue derrotado debido a que los medios en su mayoría apoyaron a los productores agrarios. 
 
Entonces, él tomó la decisión definitiva de hacer con los medios lo que estaba haciendo con otros sectores empresarios: comprarlos, hacerlos suyos. No ir hacia ellos como hizo Menem, sino obligarlos a que fueran hacia él. Los medios serían todos kirchneristas o no serían nada, tal fue su proyecto. Luego, su esposa desarrollaría la misma política aún con más fuerza y convicción. 
 
Ambos, Él y Ella, estaban persuadidos de que si no se apropiaban de los medios, los medios se apropiarían de la política y no los dejarían gobernar. Tanto estaban persuadidos que la idea devino obsesión y entonces, de tanto querer luchar contra el mundo mediático, el cristinismo devino el gobierno más mediático de la historia, comprando y cooptando todo lo que pudo, construyendo un multimedios estatal y paraestatal nunca antes visto desde el primer peronismo, aunque no pudo acallar las voces críticas periodísticas como en los años '50 cuando sí se pudo censurar todo por la menor diversidad de voces y por el menor poderío de los actores mediáticos.
 
En la actualidad, lo único que se consiguió fue adquirir o inventar una serie de medios oficialistas que buscaron competir contra las medios privados críticos. El gobierno apoyaba a su multimedio con publicidad oficial mientras golpeaba de todos los modos posibles -políticos y económicos- a los demás medios.

Sin embargo, cuando este largo proceso bélico de 7 años se ve en perspectiva, el balance de lo logrado es que nadie ve el multimedios oficial y que creció el poder de los medios privados, sobre todo de los más críticos. Por querer controlar la televisión, las radios y los diarios para que el debate político vuelva a la política, lo único que lograron es ampliar el poder del espacio mediático sobre la política. Todo lo contrario a lo que se propusieron.
 
El triunfo de lo mediático sobre la política
 
Si la política antes era mediática, ahora lo mediático es la única política con influencia. Se le ha dado un poder desmedido a lo mediático por la obsesión contra el mismo. En nombre de la recuperación de la política, se la ha desvalorizado un paso más. 
 
Gran error estratégico de este gobierno. Con el fin de desmantelar la "mentira periodística” que los ataca supuestamente sin razón, terminan falsificando toda la verdad y a la vez acaban prisioneros de aquello a lo que quieren controlar. La lógica mediática se les mete en la cabeza y ya no pueden razonar sin ella, amándola u odiándola. Al convertir a los medios en la nueva "sinarquía”, se hacen dependientes de ese razonamiento conspirativo. 
 
Es cierto que lo mediático ejerce influencia sobre la sociedad, pero esa influencia no es nada comparada con la que ejercen sobre la cabeza de los K, quienes están convencidos de que lo dominan todo y entonces trasladan a los demás sus propios prejuicios, lo que los hace equivocarse al diagnosticar tan mal los efectos de los medios sobre la gente.
 
En síntesis, así como el exhibicionismo de la vida privada se ha convertido en el remplazo de la antigua ficción televisiva, hoy cada vez más el espectáculo público televisivo está remplazando al espacio propiamente político, porque el gobierno llevó su guerra a un lugar donde no la puede ganar puesto que no es el suyo. 
 
Así, las figuras consagradas y con influencia, como Lanata o Tinelli, en la medida en que no se les someten, son atacadas con la vieja TVR de Diego Gvirtz ahora llamada 6,7,8, donde todo lo que antes era crítica al absurdo televisivo ahora es nada más que propaganda oficialista de la más burda y bizarra que acaba ridiculizando a los ridiculizadores. Cometiendo además el peor de los pecados televisivos: el de ser soporífero.
 
Entonces, tal como a la tevé oficialista rentada ya no la ven ni siquiera los kirchneristas, para seguir el combate el gobierno apela a figuras más populares como Rial o Ventura sólo porque se oponen a Tinelli o Lanata y sirven para defender a Lázaro Báez y sus secuaces, con lo que logran quedar ubicados en el lado que menos les conviene en la batalla televisiva. Porque a mediáticos como Rial o Ventura la gente los ve pero no les cree nada en absoluto. Sólo les atrae que transformen los chismes de los famosos en material de entretenimiento, pero no son formadores de opinión.
 
De tanto intentar controlar a los medios desde la política, lo único que se logró es que los medios tengan una influencia política desmedida y que la política cada día esté más cuestionada, con lo cual el remedio resultó peor que la enfermedad.

 

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