Aunque el servicio es malo, las quejas son permanentes y los aumentos de sus boletos van al ritmo de un servicio de primera línea, en Necochea y Quequén los colectivos presentan tantas falencias y sus concesionarios obtienen tantos privilegios que algo hace sospechar que hay un entramado invisible de situaciones que mantienen un statu quo de degradación del servicio en detrimento de los vecinos y con una pasividad de las autoridades que genera sospechas.
Es que a la empresa concesionaria no pueden darse más privilegios y aún así nada parece alcanzar para que cumplan con lo que deben. El ejemplo clásico es que hace más de 10 años que las líneas debieran tener al menos dos unidades con accesibilidad para personas con discapacidad (algo que era condición obligatoria para implementar el sistema SUBE) y la inversión de la empresa brilla por su ausencia.
No sólo no hay inversión en las unidades sino que además la empresa (subdividida en dos firmas que manejas las líneas "verde" y "azul") ha obtenido múltiplez privilegios en los últimos años.
Por ejemplo: el concesionario ya no debe requerir los aumentos de tarifas y negociarlos como cada año, sino que le fue otorgada la potestad de ejecutar aumentos de tarifas cada 3 meses en virtud de una fórmula automática inventada por los concejales (entre Nueva Necochea y La Libertad Avanza) para que las empresas aumenten los boletos a sus anchas en virtud de la inflación y las paritarias con sus empleados. En la iniciativa ganaron todos menos los vecinos porque, por un lado, los concejales se deslindaron de su responsabilidad de estar evaluando el servicio para saber si corresponden los aumentos (sin absorver el costo político que pudieran tener las decisiones antipopulares); y, por el otro, la empresa cobra lo que quiere y no recibe mayores observaciones.
Los aumentos automáticos van además en saga con otros privilegios, como los fuertes subsidios que recibe por parte del gobierno provincial, que asciende a unos 1000 millones de pesos que debieran apuntalar al sector para mejorar el servicio, algo que no sucede prácticamente nunca.
Sumado a ello, los concejales al otorgar los aumentos automáticos de tarifas cada tres meses también eliminaron fácticamente las audiencias públicas, que permitían que los pasajeros tuvieran al menos la posibilidad de presentar públicamente sus quejas por el servicio frente a las autoridades. La gestión de Nueva Necochea hizo múltiples esfuerzos para quitar a los vecinos del debate y literalmente eliminó las audiencias, aunque representan un derecho de los vecinos y una obligación de participación ciudadana para el tratamiento de esta clase de temas.
Desafortunadamente en febrero termina la concesión de la empresa y no parece haber mayor ocupación de los cocnejales, que en realidad deberían estar abocados a esta, que es una de las concesiones más importantes que entrega la Comuna: el gris está tan extendido sobre la cuestión que además de los privilegios manifiestos a la empresa y las quejas de los vecinos, nadie sabe mucho acerca del manejo del problema y ni siquiera se conocen los beneficios que percibe la COmuna por el permiso que otorga a la empresa para hacer su negocio, que si bien es un servicio público, redunda en rotura de calles, veredas y banquinas cuyo costo de mantenimiento queda bajo la órbita pública.
Con todo el negocio en marcha, con subsidios, aumentos de tarifas constantes (y automáticos) y una falta total de control sobre el servicio, aún así la empresa presenta periódicos problemas para enfrentar el pago de los salarios, lo que hace plantearse al común de la gente cuál es la rentabilidad real de la concesión porque ante cualquier reclamo, la empresa suele pedir más aumentos y argumentar que no le dan las cuentas... sin embargo la empresa nunca deja de facturar y las cosas no parecen ir tan mal para sus directivos.
Así, con el pésimo estado del servicio, los provilegios y la falta de respuestas de las autoridades podría pasar que en febrero se renueve la concesión con una prórroga cuyos términos quedarán una vez más lejos del ojo público. Sin tener un solo concejal ocupado en la cuestión, a pesar de ser una de las concesiones más importantes de la ciudad, hay sospechas de una connivencia clara entre als autoridades y la empresa para dejar todo como está y sostener la desidia que ha llevado las cosas a este estado.
Eso sí, los concejales no ahorran esfuerzos en sacarse fotos impostando interés en la cuestión.
A pesar de toda la degradación y los plazos a punto de vencer, en el Concejo Deliberante no hay trabajos conocidos en esta materia, aunque sí se hacen actos para presentar estudios e impostar un interés que no tiene asidero en la realidad cotidiana.
Precisamente cuando se empiezan a ajustar los plazos para lo concejales (que a dos meses y medio de una cocnesión a treinta años como suelen ser la de los colectivos, deberían al menos estar presentando ideas al debate público) es que desde el HCD mostraron esta semana fotos sobre un encuentro con académicos para las "buenas prácticas" de logística urbana.
La Licenciada Marcela Mastrocola (prosecretaria general de la UNICEN) hizo la presentación un grupo de investigación de UNICEN que cuenta con docentes e investigadores de la Facultad de Ingeniería y la Facultad de Ciencias Sociales de la UNCPBA, el CONICET y la CIC. "El objetivo principal de este grupo de investigación es evaluar la aplicación de las buenas prácticas e identificar oportunidades de mejora en la Logística Urbana de ciudades pequeñas y medianas, prestando especial atención al desarrollo sostenible del sistema", señaló el comunicado del HCD.
La ironía del encuentro es que mientras los académicos y expertos hacen sus esfuerzos por brindar herramientas que aporten a mejorar la situación, los concejales con diferentes medidas está beneficiando permanentemente a una empresa que brinda mal el servicio, tiene problemas con el pago a sus empleados, recibe múltiples beneficios que nunca alcanzan, y aumenta permanentemente su tarifa alegando que nunca es suficiente. Vale preguntarse si no tendrán los concejales algún interés en mantener el estado de las cosas en semejante desidia, porque las fotos en el Concejo no sirven más que para los intereses políticos circunstanciales y poco y nada aportan a la solución concreta de un problema que se arrastra por la ciudad desde hace décadas.