Pese al discurso oficial de La Libertad Avanza y su presidente, Javier Milei, siempre en la promesa de que sus medidas atraerán capitales del exterior, Argentina continúa sin figurar entre los destinos prioritarios para las grandes inversiones extranjeras.
Lejos de responder a una causa aislada, la ausencia de desembolsos significativos se explica por un entramado de factores estructurales, económicos y financieros que siguen condicionando la percepción internacional sobre el país.
1. Caída sostenida del consumo interno
Uno de los principales desalientos para las firmas internacionales es la fuerte contracción del mercado interno que impusieron los recortes de motosierra de Milei. La pérdida del poder adquisitivo, producto de la inflación que el gobierno sigue sin controlar tras dos años de ajuste fiscal y aumento de tarifas, redujo de manera sensible el volumen de ventas, en especial en sectores como el supermercadista y el comercio minorista. Para empresas que basan su rentabilidad en altos volúmenes y márgenes ajustados, un mercado en retracción deja de ser atractivo.
2. Inestabilidad macroeconómica persistente
La volatilidad de las principales variables económicas continúa siendo un obstáculo central. La inflación elevada y la dificultad para proyectar costos y precios a mediano plazo conspiran contra cualquier planificación de largo aliento. A esto se suma el antecedente reciente de cambios abruptos en las reglas de juego, que alimenta la desconfianza aun cuando algunas restricciones hayan sido flexibilizadas.
3. Antecedentes de controles y restricciones financieras
Más allá de las promesas de apertura y normalización, el temor a eventuales retrocesos condiciona la toma de decisiones y lleva a muchas compañías a adoptar una postura de cautela extrema.
4. Presión impositiva y complejidad regulatoria
Argentina mantiene una estructura tributaria considerada elevada en comparación con otros países de la región. La superposición de impuestos nacionales, provinciales y municipales y una burocracia costosa, encarece la operatoria cotidiana y reduce la competitividad frente a mercados más simples y previsibles. La cosa empeora cuando el gobierno intenta imponer una reforma laboral que no toca realmente las causas del problema.
5. Alto riesgo país y costo del financiamiento
El elevado riesgo país sigue siendo una señal de alarma para el capital extranjero. Incluso cuando Argentina accede a los mercados internacionales, lo hace pagando tasas sensiblemente más altas que las de sus vecinos. Esta prima refleja el temor a crisis recurrentes, conflictos políticos o incumplimientos, y desalienta inversiones de largo plazo.
6. Competencia regional más previsible
En un contexto global marcado por la búsqueda de estabilidad y reducción de riesgos, Argentina compite con países de la región que ofrecen mayor continuidad en sus políticas económicas. Chile, Uruguay, Perú y Paraguay aparecen como destinos más confiables, con reglas claras y menor volatilidad, lo que los vuelve más atractivos para inversiones productivas y comerciales.
7. Desfase entre el discurso y la realidad
Finalmente, la distancia entre las promesas oficiales y las condiciones reales del país refuerza el escepticismo. El potencial argentino sigue siendo reconocido, pero la falta de previsibilidad y de señales concretas de estabilidad sostenida limita la llegada de capitales que requieren horizontes claros y reglas duraderas.
En este escenario, la ausencia de inversiones extranjeras no parece responder a una falta de interés, sino a la persistencia de problemas estructurales que, hasta el momento, el cambio de discurso no ha logrado revertir.