La provincia de Buenos Aires se encamina hacia una transformación profunda de su sistema educativo. En los próximos cinco años, el nivel primario perderá más de 510 mil alumnos, como consecuencia directa del descenso sostenido de la natalidad. Así lo revela un reciente informe de Argentinos por la Educación, que proyecta un cambio estructural en la organización escolar.
Según los datos oficiales analizados en el estudio, Buenos Aires será la jurisdicción con la mayor caída absoluta de matrícula del país. Para el año 2030, se estima una disminución del 30,5% en la cantidad de estudiantes de primaria, una cifra sin precedentes en la historia reciente del sistema educativo provincial.
En términos concretos, esto implica que casi uno de cada tres chicos que hoy asiste a la escuela primaria no estará en las aulas dentro de cinco años.
El impacto se sentirá con fuerza en la dinámica cotidiana de las escuelas. Si se mantiene la actual cantidad de secciones —escenario que utiliza el informe para sus proyecciones—, las clases numerosas dejarán de ser la norma.
En 2023, dos de cada tres alumnos bonaerenses cursaban en aulas con 25 estudiantes o más. Para 2030, ese esquema se modificará de manera radical.
Las proyecciones indican que:
El 63% de los alumnos de primaria estará en cursos de menos de 20 chicos.
Las aulas de 15 a 19 estudiantes concentrarán aproximadamente la mitad de la matrícula.
Las secciones con 30 alumnos o más prácticamente desaparecerán.
Este nuevo escenario cambiará no solo la experiencia educativa dentro del aula, sino también la planificación institucional de las escuelas.
El informe advierte que la reducción de la matrícula representa un desafío central para la gestión de los recursos educativos. En sus conclusiones, señala que será necesario avanzar en una reorganización del sistema escolar para adaptarse a la nueva realidad demográfica.
Entre las principales recomendaciones se destacan:
Revisar y reorganizar secciones y escuelas con baja matrícula.
Reasignar cargos docentes hacia tutorías, acompañamiento pedagógico o parejas pedagógicas.
Extender la jornada escolar en determinados establecimientos.
Fortalecer programas educativos no académicos que complementen la formación tradicional.
El documento también plantea que, en un escenario de restricción presupuestaria, será clave una reasignación progresiva y planificada de los recursos existentes.
Entre las alternativas posibles, se menciona:
Invertir más en materiales y recursos pedagógicos.
Mejorar la infraestructura escolar.
Fortalecer los sistemas de evaluación y acompañamiento docente.
Implementar una estrategia de mediano plazo basada en el diálogo entre la Nación y las jurisdicciones provinciales, respetando los derechos laborales adquiridos.
La caída de la natalidad ya está impactando en las aulas y, según las proyecciones, lo hará con mayor intensidad en los próximos años. Buenos Aires, por su peso demográfico, será el epicentro de este cambio.
Lejos de ser solo un problema de números, el fenómeno obliga a repensar el sistema educativo: menos alumnos pueden convertirse en una oportunidad para mejorar la calidad de la enseñanza, siempre que exista una planificación adecuada y políticas públicas sostenidas.
El desafío no será menor: reorganizar escuelas, redefinir el rol docente y optimizar recursos en un contexto económico complejo. La educación bonaerense entra así en una nueva etapa marcada por un dato ineludible: habrá menos chicos en las aulas, pero más decisiones que tomar.