El INDEC informó que la inflación de enero fue del 2,9% mensual y del 32,4% interanual, pero el dato oficial volvió a quedar bajo cuestionamiento por utilizar una metodología basada en una canasta de consumo de 2004, que ya no representa el patrón actual de gastos de los hogares argentinos.
Según estimaciones privadas, si se hubiera aplicado la nueva metodología diseñada a partir de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo 2017-2018), el índice habría sido hasta 11 puntos porcentuales más alto por el mayor peso de los servicios públicos y las comunicaciones, justamente los rubros donde se concentran los próximos ajustes tarifarios.
Mientras el ministro de Economía, Luis Caputo, celebró el resultado como una señal de éxito del programa económico, los analistas advierten que la desaceleración inflacionaria ya no es más que un relato sostenido por una medición estadística atrasada.
Aun después de haber descartado el nuevo sistema de medición —que estaba listo para implementarse desde marzo de 2025, según reconoció el propio Caputo—, la inflación volvió a acelerarse en enero y acumula ocho meses consecutivos en alza.
El discurso de la “desinflación”, uno de los pilares de la narrativa del gobierno de Javier Milei, empieza a mostrar grietas: ya no sólo se sostiene sobre una canasta obsoleta, sino que los propios números oficiales reflejan que la desaceleración quedó atrás.
El organismo estadístico informó que el mayor aumento mensual se registró en:
Alimentos y bebidas no alcohólicas: 4,7%
Restaurantes y hoteles: 4,1%
Ambos rubros tienen un peso mayor dentro del IPC actual que en la canasta nueva, que le asigna más protagonismo a los servicios.
Caputo aprovechó el informe para reafirmar que el programa económico se basa en:
equilibrio fiscal,
control monetario,
recapitalización del Banco Central,
y sostuvo que la inflación “convergerá a niveles internacionales”.
Sin embargo, las consultoras privadas ponen el foco en lo que el índice no muestra.
Un informe de Epyca Consultores advierte que la actualización metodológica incrementaría en 11 puntos porcentuales el peso de:
Servicios públicos: +8,4 puntos
Comunicaciones: +2,3 puntos
“La canasta vigente permite mostrar una trayectoria más positiva que la real”, señala el estudio, en un contexto donde los servicios lideran los aumentos desde el inicio del actual gobierno.
Además, recuerda que el propio Banco Central reconoció que las tarifas aún están 25% por debajo de los niveles de 2019, lo que anticipa nuevos ajustes que no están reflejados plenamente en el índice actual.
Las consultoras coinciden en que, sólo por el componente estacional de alimentos, el impacto inmediato del nuevo IPC habría sido moderado:
LCG: inflación mensual de 2,8% con nueva canasta
Equilibra: 2,8% mensual y 32,9% interanual
En la Ciudad de Buenos Aires —que ya utiliza ponderadores actualizados— la inflación fue del 3,1%, impulsada por precios estacionales.
Paradójicamente, el uso de la vieja canasta jugó “en contra” del Gobierno este mes, porque alimentos tuvo un aumento mayor al de los servicios. Pero esa situación sería transitoria.
El director de CEPA, Hernán Letcher, explicó que la brecha entre metodologías crecerá en los próximos meses cuando impacte la quita de subsidios.
“Si la nueva medición se hubiera aplicado desde fines de 2023, el diferencial acumulado sería del 11% adicional”, afirmó.
En otras palabras, el índice actual subestima de forma sistemática el efecto real de la política tarifaria.
Para Epyca, suspender la actualización del IPC constituye una “falla grave de gestión estadística”, ya que la práctica internacional recomienda publicar ambos índices durante un período de transición.
El argumento oficial de evitar “ruido” en la desinflación también fue cuestionado:
“El indicador más reciente es el que mejor refleja el consumo real de los hogares”, sostiene el informe.
Florencia Florentin, economista de la consultora, fue contundente:
“Ya es innegable que el proceso desinflacionario se detuvo hace rato, incluso durante 2025. Con la suba de alimentos, es esperable que las canastas vuelvan a dar más alto”.
El economista Christian Buteler resumió la discusión con una frase lapidaria:
“El índice no genera inflación, sólo la refleja en un número. Tener un índice que mide mal no hace que tengamos menos inflación, solamente la mide mal”.
Desde LCG agregaron que la postergación del nuevo IPC parece responder a una decisión política:
“Evitar mostrar registros más altos, aunque sea por algunos decimales, que puedan poner en riesgo la narrativa de éxito del Gobierno en un contexto de futuros aumentos tarifarios”.
El dato de enero no marca una victoria económica sino una advertencia. La inflación sigue creciendo y la metodología utilizada por el INDEC ya no logra ocultar esa tendencia.
Con tarifas pendientes de ajuste, una canasta desactualizada y una desaceleración que se agotó, el relato de la desinflación empieza a desmoronarse frente a una realidad cada vez más evidente:
los precios suben más rápido de lo que muestra el índice oficial.