25/02/2026 - Edición Nº441

Argentina

Consultoras prevén hasta 3% de inflación en febrero y se alejan las promesas oficiales de Milei

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Las principales consultoras privadas proyectan una inflación de entre 2,5% y 3% para febrero, impulsada por alimentos y tarifas. El dato contradice las metas oficiales y deja en evidencia las dificultades del plan económico del presidente Javier Milei, que prometía perforar el 2% en el primer trimestre del año.

La inflación de febrero volvería a ubicarse por encima de lo esperado por el Gobierno nacional. De acuerdo a mediciones de consultoras privadas, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) oscilaría entre el 2,5% y el 3%, una cifra que se aleja de la meta oficial de perforar el 2% durante el primer trimestre de 2026.

El dato confirma una tendencia preocupante: en enero la inflación fue del 2,9% y marcó el quinto mes consecutivo de aceleración. Si se validan las proyecciones privadas, febrero completaría un semestre con curva ascendente, pese al relato oficial de control monetario y disciplina fiscal.

Este escenario pone en crisis una de las principales promesas del presidente Milei, quien había asegurado que la inflación caería por debajo del 1% hacia el inicio del segundo semestre. El comportamiento real de los precios durante el primer bimestre deja esa proyección seriamente comprometida.

Alimentos y tarifas: los motores del aumento

Los informes privados coinciden en señalar que los principales responsables del incremento inflacionario son los alimentos y los servicios públicos.

  • LCG detectó que los alimentos acumulan una suba superior al 3% en las últimas cuatro semanas, con fuertes incrementos en carne y verduras.

  • Eco Go informó que durante la tercera semana de febrero los precios de los alimentos consumidos en el hogar aumentaron 0,5%. Según su proyección, la inflación del rubro alimentos se ubicaría en 2,7%, mientras que el índice general alcanzaría el 3%.

  • Analytica estimó una suba mensual cercana al 2,8%.

  • Consumidores Libres registró un aumento del 3,1% en su canasta básica durante la primera quincena del mes.

Además, febrero incorpora el impacto pleno de las actualizaciones en las tarifas de luz y gas, un factor que presiona sobre el costo de vida y golpea directamente el poder adquisitivo de los hogares.

Distancia con las previsiones oficiales

Las cifras privadas contrastan con el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) elaborado por el Banco Central, donde los analistas habían previsto una inflación del 2,1% para febrero.

La brecha entre las proyecciones oficiales y los datos reales refleja un problema estructural del programa económico: si bien el Gobierno sostiene el superávit fiscal y la política de no emisión, los precios siguen sin alinearse con los objetivos anunciados.

El escenario inflacionario deja al descubierto las limitaciones del enfoque del Gobierno, que deposita casi exclusivamente en el ajuste fiscal y la contención monetaria la solución al problema de los precios. Sin una política activa sobre los formadores de precios ni una estrategia integral para recomponer ingresos, el impacto recae sobre el consumo y la calidad de vida.

Mientras el discurso oficial insiste en que “la inflación está controlada”, los números muestran que el proceso de desaceleración se estancó y que los aumentos en alimentos y tarifas siguen marcando la agenda económica.

Un objetivo que se aleja

Con una inflación proyectada en torno al 3%, el plan de Milei enfrenta su primer gran desafío político y económico del año. La promesa de una rápida desinflación choca con la realidad cotidiana de los supermercados y las boletas de servicios públicos.

Lejos de consolidarse como un éxito, el programa económico comienza a exhibir señales de desgaste temprano, con una inflación que no baja al ritmo prometido y una sociedad cada vez más afectada por la pérdida de poder adquisitivo.

Si febrero confirma estas cifras, el Gobierno deberá explicar por qué, pese al ajuste más severo de las últimas décadas, los precios siguen fuera de control y la meta de inflación baja se transforma, otra vez, en una promesa incumplida.

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