Las oficinas locales del PAMI se trasladaron recientemente a una nueva sede ubicada en calle 63 N° 2732, entre 62 y 64, en el centro de Necochea. El nuevo edificio presenta mejores comodidades edilicias y un espacio más amplio para la atención al público.
Sin embargo, el cambio de lugar no vino acompañado de un anuncio oficial por parte del organismo. La única comunicación fue un cartel colocado en la antigua oficina de calle 62, indicando la nueva dirección.
A pesar de la mejora en infraestructura, los reclamos de los afiliados no tardaron en aparecer. Según distintos testimonios, los problemas de siempre siguen vigentes: demoras, turnos que no se respetan y falta de empatía en la atención.
Un afiliado hizo llegar su queja a Cuatro Vientos junto con una imagen tomada dentro de la nueva sede. En su mensaje describió una situación que, según afirma, se repite con frecuencia:
“Cuatro con el celular y yo esperando. Tenía turno a las 13.30. Les pedí si me podían atender antes porque andaba por ahí y me dijeron que sí, pero que tenía que esperar. Había cuatro personas: tres para médico y una sola para atención. Atendieron a otra persona que llegó después. No piensan en las excepciones ni en la empatía”.
El testimonio apunta directamente a la falta de organización interna y al trato distante hacia los adultos mayores, quienes muchas veces deben permanecer de pie durante largos períodos o trasladarse con dificultades físicas para realizar trámites vinculados a su salud.
La nueva sede generó expectativas entre los jubilados, que esperaban una mejora sustancial en el servicio. Sin embargo, los reclamos indican que la transformación fue principalmente estética y no estructural.
Las oficinas de PAMI comparten un mismo patrón de quejas: largas colas, demoras en la atención, escasez de personal y dificultades para resolver trámites simples.
La delegación local del organismo se encuentra a cargo de Saúl Martoccia López, quien debería responder por el funcionamiento de la sede.
El nombre del funcionario ya había quedado en el centro de la polémica el año pasado, cuando junto al concejal de La Libertad Avanza Mariano Valiente fue señalado por una decisión que impactó directamente en el sistema de salud local.
Ambos fueron cuestionados por el desvío de las cápitas de PAMI —los fondos destinados a la atención médica de jubilados— desde el Hospital Municipal Emilio Ferreyra hacia la clínica privada Cruz Azul, un establecimiento que, según se denunció, no contaría con la infraestructura adecuada para garantizar una atención segura y de calidad.
Esa medida significó un fuerte golpe financiero para el hospital público, único efector de alta complejidad en la ciudad, y dejó a miles de jubilados en una situación de mayor vulnerabilidad sanitaria.
Para los afiliados, el problema no pasa por las paredes ni por el mobiliario, sino por la forma en que son atendidos.
“Un edificio nuevo no alcanza si el trato es el mismo”, coinciden varios jubilados que se acercan diariamente a realizar trámites esenciales vinculados a medicamentos, derivaciones médicas y prestaciones.
La mudanza de la sede pone nuevamente sobre la mesa una discusión de fondo: la necesidad de mejorar la atención humana y administrativa del PAMI en Necochea, en un contexto donde los adultos mayores dependen casi exclusivamente de este sistema para cuidar su salud.
Mientras tanto, la flamante sede luce renovada por fuera, pero puertas adentro persisten las mismas quejas que desde hace años se repiten.