(*) Por Juan Pablo Ángel Salomón Rondón
Los cambios culturales y de consumo –como todos los cambios- suelen estar antecedidos por un período de transición en el que reina la confusión total. Pasar de la radio a la TV supuso un período de ese tipo. La irrupción de internet, mucho más aún. Con la llegada de las redes sociales y la canalización de la información a través de esas vías, esa pérdida de eje se profundizó al punto que aún no parece haber norte claro en una modernidad cada vez más líquida.
Con la información rotando las 24 horas del día, los 7 días de la semana y todas las semanas del mes, sin descanso, se configuró un sistema de audiencias ávidas por recibir actualizaciones constantes sin importar la calidad del contenido. Ese caldo de cultivo al calor de la accesibilidad tecnológica hizo que, a la vez, se forme la errada visión de que “cualquiera puede informar”.
¿Pero esto es así? La calidad de la información –en los términos más básicos- se mide según la forma, los filtros, la edición responsable a la que es sometida y la confianza que inspire quien la emite (¿será este factor el más factor de los factores?). Cuando alguno de esos pilares falla, todo lo demás falla como por efecto dominó. Las estructuras más elementales deben respetarse, como en toda profesión, y quien filma un choque entre dos autos en la calle, lo publica y alcanza una determinada viralización, no es precisamente un periodista. Cerremos el cerco en que el periodismo ciudadano es una construcción de los medios hegemónicos para ahorrar dinero en móviles que atrapen la noticia in situ.
Por otro lado, la llegada de la inteligencia artificial generativa, capaz de cumplir casi cualquier tarea que debería cumplir un periodista, con más o menos buena forma, y en tiempo récord, profundizó esa idea de que “cualquiera puede informar”. Tal vez sí, en el sentido estricto, semántico, de la oración. Ahora, conceptualmente, digamos que requiere cierta capacidad. No por entrar en un conservadurismo periodístico o en academicismo taimado, si no por una preservación del discurso público con una determinada calidad y, más aún, para separar paja de trigo entre medios de comunicación y replicadores de datos, para que el periodismo siga constituyendo un contralor entre la sociedad y los círculos de poder.
Dejando de lado la cuestión informativa, está el segundo orden: la masificación de la información en las redes sociales. Ese contexto desató una carrera sin descanso por conseguir más likes y más reposteos de los contenidos, siempre dejando en un segundo plano la calidad periodística en función del bait. ¿Y qué es el bait o clickbait? Hace referencia a una forma de comunicar “ganchera”, que capte la atención del consumidor. Esto llevó a que los títulos de los artículos se parezcan más a un anuncio publicitario que a periodismo. Pero los tiempos cambian y hay que adaptarse.
Al igual que las enfermedades infectocontagiosas, las tendencias suelen llegar a las ciudades más chicas bastante después que a las ciudades más grandes. En Necochea, este cambio de paradigma, recién se está experimentando. Esto evidencia todo tipo de confusiones por parte de las conducciones de los distintos medios de comunicación del distrito. Desde videos beauty hasta una especie de “show del blooper”, las redes sociales de los portales de información local navegan entre la confusión y la incapacidad de construir una editorial sólida con un norte claro. Eso se les transforma en un problema cuando se diluye el peso de la influencia del medio en la sociedad y se lo reduce a un mero sitio de consulta.
Sin embargo, lejos de analizar la situación, se profundiza aún más en esa metodología del “todo por el like”. La batalla implícita entre los diferentes medios los lleva hacia un lugar en el que la ética del ejercicio periodístico queda en segundo plano en pos de sobresalir entre las métricas. El caso que puso de relieve esta problemática fue la publicación del video de la muerte de Mathias Fontela en las redes de dos portales. Las imágenes mostraban a dos jóvenes y a una mujer golpeando hasta dejar inconsciente al joven, que murió producto de la golpiza recibida por 5 personas. El video fue extraído de las cámaras de seguridad de un comercio ubicado donde ocurrió el homicidio.
La publicación de un video de estas características lejos está de querer cumplir el rol de informar. Más bien es una respuesta al estímulo de tener siempre que ir más allá con el objetivo de generar mayor interacción en redes.
Horas más tarde de la publicación del video, los portales que lo difundieron ensayaron una excusa disfrazada de mea culpa amparándose en “el rol del periodismo y el derecho a la información” para atajar la oleada de insultos que recibieron por jugar como niños con las imágenes de un homicidio. Como todo, el periodismo también tiene su ética y, por ende, sus límites.
Una curiosidad que empezó a verse en los últimos años son los videos infomerciales en los portales de información. De repente uno scrollea y pasa de un choque en alguna avenida de la ciudad a un video en el que algún periodista o alguna chica con muchos seguidores en las redes vende algún producto con un lenguaje difuso como si fuera el propio medio el que ofreciera ese producto.
Si bien esta práctica es una estrategia comercial para sustentar económicamente a los medios, resulta sumamente extraño el resultado final y termina degradando la influencia de los portales en materia periodística. La flexibilización de los contenidos suele ser difusa para quienes se encargan de generarlo. La cuestión económica no es dato menor y también requiere esfuerzos por monetizar esos contenidos.
Sin embargo, es necesario trazar un límite claro entre la difusión de un contenido patrocinado y transformarse en quien vende el producto que se difunde, algo que los medios locales no han logrado concretar. Para ser más claro, la narración en primera persona de los videos infomerciales es una clara evidencia de esto.
Volviendo al inicio, el naufragio de los medios de comunicación en la nebulosa de las redes sociales está claramente afectando de manera negativa la construcción de un discurso público que esté a la altura de lo que la sociedad demanda en Necochea. La carrera por el “like” para subsistir o para presumir tráfico en las redes está transformando a los portales de información en sitios de consulta rápida, por lo tanto, terminan por no contribuir a una cuestión esencial del periodismo: ser un contralor entre los círculos de poder y la ciudadanía.
La imposibilidad de construir una narrativa propia de calidad, que ayude a consolidar una audiencia determinada con la que se interactúe a través de información de calidad, hace que el peso de los medios de comunicación sea inferior al de los poderes, por lo tanto, tengan que moverse en función de estos para poder subsistir. Y por afuera, los ciudadanos.