Los destrozos causados por las lluvias de la semana no sólo demostraron que el colapso de infraestructura está a un temporal de distancia y a los anegamientos en distintas partes de la ciudad donde los pluviales estaban taponados se sumó un socavón en un costado de la Rambla Municipal.
El socavón de 3 metros de diametro dejó expuesto un oscuro fondo por debajo y es un riesgo para los peatones que el municipio por ahora señalizó con una cinta de "peligro".
El temor es que el deterioro no sólo socave otro sector aleatorio del edificio, sino que el evento dispara esa incertidumbre porque no hay ningún estudio técnico realizado sobre la estructura por sobre la que pasan miles de vecinos y turistas todo el tiempo. Un eventual nuevo derrumbe por el deterioro podría terminar con alguien lastimado, algo que obliga a las autoridades a tomar cartas en el asunto.
Ejemplos recientes muestran al municipio cerrando el paso en distintos lugares por riesgos de derrumbe y el riesgo para las personas. El último de ellos fue la que se llamó la "calle 0", que pasa por detrás del Camping Miguel Lillo, una calle costanera que unía el sector del caño pluvial con el parador Kabryl. Como por debajo de esa calle pasan dos túneles peatonales que no fueron diseñados para soportar el peso de autos y camionetas pasando por encima, el municipio cerró el paso a los vehículos durante la pandemia y lo convirtió en un camino peatonal. Ahora la falta de mantenimiento ya directamente está borrando el camino por el avance de la duna frontal.
También por decisión del municipio apenas asumido el intendente Arturo Rojas se dispuso la demolición parcial del Muelle de los Pescadores. La maniobra en su momento estaba más vinculada a mostrar acciones visibles en la ciudad para dar impulso a una épica de desarrollo de la "nueva Necochea" que a razones de seguridad, sin embargo y por prevención, el muelle quedó recortado y sigue siendo una postal costera que al menos no pone en peligro a nadie por el riesgo de derrumbe.
El municipio también cerró el acceso a algunas galerías del Complejo Casino tras un importante derrumbe en el Teatro Auditorium. Antes del incendio que destruyó el interior del lugar, una importante sección de mampostería se derrumbó sobre uno de los accesos laterales. Afortunadamente nadie salió lastimado, pero como por el lugar solían recorrer curiosos y a pocos metros suele haber gente en el playón de estacionamiento, el municipio decidió instalar un alambrado olímpico que cerrara todos los accesos a las áreas comunes exteriores del complejo.
A raíz de aquel evento el Municipio ordennó realizar un estudio técnico sobre toda la estructura del complejo. Fue el último estudio realizado sobre la estructura del Casino, que se realizó en el marco de algunas reparaciones que se realizaron al detectarse una filtración de agua en una de las placas de concreto encima de la sala de juegos. En aquella oportunidad (2018) un equipo de ingenieros y arquitectos revisaron el Complejo constatando que la estructura del edificio está perfectas condiciones y que el principal problema del edificio pasa por sus revestimientos y aspecto exterior. Ante el riesgo de nuevos eventos, el municipio estuvo obligado a tomar medidas cerrando el acceso.
Sumándose a ese combo de riesgo latente y la obligación legal de las autoridades de cuidar a la población es que el municipio ahora deberá considerar la posibilidad de cerrar el acceso (al menos) al ala que mostró su deterioro con el socavón. Además, debajo de la rambla hay sectores usados como depósitos por algunos balnearios que podrían terminar siendo clausurados.
Se espera que ahora el Municipio haga alguna clase de revisión técnica que determine el estado de la estructura para decidir cuáles son los pasos a seguir. Por lo pronto, se instaló una cinta de peligro y con el fin de semana largo a cuestas no hubo mayores comentarios del municipio acerca del evento.