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Reflexión: No todo es bueno en el pensamiento positivo

¿Es el llamado 'pensamiento positivo' una forma auténtica de asistir a la sanación o alivio de dolencias o se trata de un placebo cómodo para quienes deben tratar con los enfermos?
jueves, 13 de noviembre de 2014 · 09:11

NECOCHEA (Cuatro Vientos) -  Una reflexión volcada en la web Actualpsico por Neus Papiol pone en duda algunas de las cuestiones que se consideran sentido común cuando se trata el tema del pensamiento positivo y sus efectos sobre la salud. 

"¿Por qué el pensamiento positivo no es en absoluto inocente?", se pregunta el autor del artículo que compara a la buena onda con una forma simple de placebo:

El pensamiento positivo es el producto de una ideología capitalista e individualista.

Es tal el peso de los pensamientos y de la actitud que a menudo se olvida de la importancia de las circunstancias y del contexto.

Seligman (padre de la psicología positiva y, a pesar de todo, respetado investigador en psicología) se inventó la llamada ecuación de la felicidad según la cual la felicidad depende en un 50% de una situación de partida determinada genéticamente (S), en un 10% de las circunstancias de la vida (C) y en un 40% de nuestra manera de pensar (A) 

H= S + C + A

Bien, hay varias objeciones al respecto. Las primeras cuestiones clarísimas son ¿cómo de verdaderamente científica es esa ecuación?, ¿en que unidades se miden la situación de partida, las circunstancias de la vida y nuestra manera de pensar?, ¿cómo podemos sumar algo que esencialmente no es lo mismo? Desgraciadamente en psicología es habitual encontrar productos que teniendo la apariencia de ciencia no lo son. Seguramente sería más honesto que pudiéramos reconocer como subjetivo aquello que es subjetivo (sin despreciarlo) y como ciencia sólo lo que es ciencia. 

Sin embargo, para mí no es este el cuestionamiento importante. Al fin y al cabo ¿qué es lo que está diciendo Seligman a sus lectores? La mayor parte de tu bienestar depende de tu dotación genética y eso es algo que escapa a tu control. Las circunstancias de tu vida apenas tienen que ver con tu bienestar, así que no te molestes en intentar cambiar nada. Finalmente, una buena parte de tu bienestar depende de que tengas una actitud positiva ante la vida. Así que si ocurre algo malo (si pierdes el trabajo, si enfermas, si muere alguien a quién quieres, si el banco se queda con tu casa, etc.) y tú no puedes sonreírle a la vida, si aún te sientes triste o enfadado entonces hay algo profundamente inadecuado en ti, algo anda mal con tus genes. Para mi está claro que un planteamiento como éste es la expresión de un pensamiento profundamente conservador y reaccionario. 

¿De qué forma el pensamiento positivo puede llegar a ser dañino para las personas y para la sociedad? 

No niego que el pensamiento positivo pueda tener algún efecto sobre el bienestar de las personas. De hecho los estudios demuestran que lo hay, sólo que a un nivel estadístico es prácticamente indistinguible del placebo, no es muy diferente del impacto que tiene un amigo que te da una palmadita en la espalda y te dice "anímate". 

Afirmo que el pensamiento positivo tiene en general más efectos negativos que positivos. En primer lugar, porque más que de una psicología de la felicidad se trata de una psicología de la felicidad aparente. Barbara Ehrenreich escribió en 2011 "Sonríe o muere" un libro demoledor sobre el pensamiento positivo y el efecto negativo que tuvo en su experiencia como paciente de cáncer, la cita es suya:

"Pero esta forma de almibarar el cáncer, lejos de dar sustento emocional, se cobra un tributo terrible. Primero, porque requiere que se nieguen una serie de sentimientos tan comprensibles como la ira y el miedo, que deben quedar enterrados bajo una capa cosmética de alegría. Esto les viene muy bien a los profesionales sanitarios, e incluso a los amigos del afectado, que sin duda preferirán las bromas a las quejas; pero al que sufre no le resulta tan cómodo (...)"

¿Es eso lo que queremos? ¿Promover formas cosméticas de bienestar que empujan a las personas que sufren a esconder sus verdaderos sentimientos o a sentirse culpables por ellos? 

En segundo lugar, porque paradójicamente la obsesión con la búsqueda de la felicidad nos conduce a todo lo contrario. Si establecemos la felicidad como patrón y pauta de nuestra vida pronto nos encontraremos preguntándonos si esto que sentimos ahora es ya la felicidad o si quizás aún podríamos ser un poco más felices. Kierkegaard decía

"La felicidad es una puerta que se abre hacia dentro: hay que retirarse un poco para abrirla, si uno la empuja la cierra cada vez más".

Así, si nos obcecamos en la búsqueda de esta felicidad ideal probablemente terminaremos perdiéndonos el momento presente, olvidaremos nuestra felicidad cotidiana buscando algo más allá que probablemente no existe.
Finalmente, pienso que probablemente esta epidemia de la felicidad es responsable de muchos de los problemas de nuestra sociedad. Creo que un modelo de crianza basado solamente en que los niños aprendan a buscar su propio bienestar ha terminado por cultivar una sociedad esencialmente narcisista y frustrada. Al fin y al cabo, ¿no fue la especulación financiera que originó la crisis económica un claro ejemplo de optimismo patológico?

 

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