Pican, pican...

Invasión de moscas: ¿Conocés los insectos transgénicos?

Recientemente se conoció en España la intranquilidad de algunos cultivadores de olivas y de ecologistas acerca de una raza de oscas transgénicas "plantadas" para eliminar moscas dañinas para las cosechas. En todo Latinoamérica se ha experimentado con insectos transgénicos. ¿Podrían usarse estos insectos en Necochea?
sábado, 9 de noviembre de 2013 · 19:50
NECOCHEA (Cuatro Vientos) - La iniciativa de liberar insectos transgénicos en campos de olivo en Cataluña, España, para combatir las plagas que dañan la cosecha de este cultivo preocupa a los expertos por los posibles graves riesgos para la salud humana y el medio ambiente.

La empresa británica Oxitec ofreció a la Generalitat (gobernación) de Cataluña experimentar en la localidad de Tarragona con sus moscas genéticamente modificadas para eliminar las moscas de olivo que anualmente dañan la cosecha. La Generalitat todavía no ha dado permiso a la medida, pero ya se ha desatado la polémica.

Segun varios medios españoles, los ambientalistas denuncian los riesgos que supone el proyecto de liberación de las moscas de olivo modificadas genéticamente, ya que un gran número de larvas transgénicas quedarían dentro la fruta. Como consecuencia los componentes genéticamente modificados pueden entrar en la cadena alimentaria, provocando males tanto en la salud humana como en el medio ambiente en general, aseguran.

"Los insectos solo han sido probados en laboratorio. En caso de fuga es imposible predecir cuál sería su comportamiento en interacción con un medio complejo. El riesgo es demasiado alto", opina la responsable de Agricultura y Alimentación de Amigos de la Tierra, Blanca Ruibal.

Entretanto, los productores de las moscas transgénicas sostienen que sus insectos ayudarán a mejorar el medio ambiente al dejar de rociar los cultivos con pesticidas químicos. Las moscas de olivo están modificadas genéticamente para que tras aparearse el macho con las hembras salvajes, estas mueran en fase larvaria, y así reducir la población. 

ONG's ecologistas aclaran que los machos sobreviven durante meses, por lo que existe el riesgo de que se propaguen sin control poniendo en peligro la salud humana, el medio ambiente y la producción olivarera.

El grupo de investigación GeneWatch UK, de Inglaterra, ha publicado recientemente un ensayo sobre las investigaciones de Oxytec mostradas recientemente en la revista Nature Biotechnology y señalan que en el documento se muestra que la empresa no tiene línea de base clara para las afirmaciones hechas sobre el logro de una reducción del 80% en la población objetivo de los mosquitos, y alegan que para lograr el efecto se aumentó significativamente el número de mosquitos adultos que se estimaban (de 3 mil 150 machos por hectárea por semana a cerca de 14 mil),

También puntualiza que durante los experimentos los residentes se quejaron de las molestias causadas por la cantidad de mosquitos y que hay una considerable incertidumbre en los resultados debido a que no existen datos de referencia sobre las poblaciones de mosquitos en el lugar y porque las trampas para los insectos fueron movidas de un lugar a otro. 

La Doctora Helen Wallace, directora de Genewatch, había visitado Panamá en 2010 para asistir al foro sobre Los Mosquitos Transgénicos, donde junto con otros expertos científicos advirtieron de peligros en la investigación de campo si llegaran a sobrevivir, podría suceder, por ejemplo, que se produzca una epidemia y que las hembras liberadas accidentalmente se apareen con los machos transgénicos, produciendo un evento fuera de las previsiones de la empresa que los vende. En ese foro se recomendó al Gobierno de Panamá, interesado en el tema, seguir experimentando a nivel de laboratorio antes de lanzar los mosquitos a la naturaleza, además de desarrollar políticas sociales y de salud adecuadas. 

Oxitec


"Oxitec está trabajando desde 2009 en cooperación con la USP y Moscamed, que son buenos asociados y que nos dieron la oportunidad de comenzar proyectos en Brasil. Pero ahora acabamos de enviar nuestro dossier comercial a la CTNBio y esperamos obtener un registro en el futuro, entonces necesitamos aumentar nuestro equipo en el país. Claramente estamos invirtiendo en Brasil. Es un país muy importante”, dice el director global de desarrollo de negocios de la empresa, Glen Slade.

La empresa de biotecnología es una spin-out de la universidad británica, lo que significa decir que Oxitec surgió de los laboratorios de una de las más prestigiosas universidades del mundo. Fundada en 2002, desde entonces viene captando inversiones privadas y de fundaciones sin fines de lucro, tales como la Bill & Melinda Gates, para financiar la prosecución de las investigaciones. Según Slade, más de 50 millones de reales fueron gastados en esta última década en el perfeccionamiento y el test de la tecnología.

El ejecutivo espera que la conclusión del trámite burocrático para la concesión de la licencia comercial ocurra durante el próximo año, cuando la sede brasilera de Oxitec esté lista, incluyendo una nueva biofábrica. Ya en contacto con varios municipios del país, el ejecutivo prefiere no adelantar nombres. Ni el precio del servicio, que probablemente será ofrecido en paquetes anuales de control de la población de mosquitos, dependiendo del presupuesto del número de habitantes de la ciudad.

¿Cómo funciona?

Desde los años cincuenta se ha intentado reducir los mosquitos soltando machos estériles, pero lo que fallaba era el método. Para conseguirlo, se irradiaba a los animales. Pero con ello se los debilitaba, y las hembras los rechazaban porque prefieren machos vigorosos para procrear.

Solo se modifican los machos, que no son los que pican
La diferencia es que ahora los ejemplares que se sueltan son, al menos de aspecto, tan robustos como los demás. La clave del proceso es que los huevos lleven el gen que hará que las larvas no sobrevivan en un entorno natural. Pero sí en uno controlado. Ése es el truco.

¿Cómo se hace? La respuesta está en que, en el laboratorio, donde se crían, los mosquitos reciben una cantidad de un antibiótico común, la tetraciclina. Con ello, de alguna manera todavía no muy explicada, se compensa el efecto de la modificación genética.

Cuando los machos se liberan en un entorno natural (por llamar así a los barrios de las ciudades), no disponen de ese antibiótico. Así que los machos fecundan a las hembras, les transmiten el gen, las mosquitas ponen los huevos, estos eclosionan y las larvas mueren. La idea es reducir poco a poco la población de insectos, hasta conseguir que no queden animales para transmitir el dengue u otras enfermedades, como la malaria.

Más críticas

Lógicamente, la idea ha causado recelos. Incluso en Brasil, donde los cultivos transgénicos están muy asentados (es el tercer productor del mundo, con Argentina muy cerca). Uno de los miedos que señalan los ecologistas es que no se sabe qué pasará si uno de estos animales modificados pica a un ser humano.

Camilo Rodríguez Beltrán, investigador de la Universidad del Desarrollo de Chile, dice que es necesario completar todas las pruebas antes de aplicarla en campo. "El problema es que la estrategia tiene un bache: hay una cantidad de mosquitos que van a sobrevivir”, dijo en conversación con BBC Mundo. "Varios de los insectos genéticamente modificados van a permanecer en la naturaleza, y algunos serán hembras que transmiten el dengue”, añade. Habría, entonces, una nueva población de Aedes modificados sin presencia previa en los ecosistemas. Hasta ahora se desconoce el impacto que tendrían en el entorno.
 
Los estimados de riesgos pueden ser diferentes para un insecto-plaga versus uno beneficioso y pueden depender de la expectativa de que el insecto sobreviva en el ambiente o sea incapaz de reproducirse y perezca.

Por ejemplo, un insecto transgénico de menor riesgo puede ser el gusano de seda que no puede sobrevivir por sí mismo debido a su domesticación milenaria.

Más riesgo ambiental representan las abejas mieleras, que son semidomesticadas y pueden escapar del manejo humano y sobrevivir.

La pregunta de si ese tipo de insectos modificados genéticamente podrían ser "plantados" en Necochea, por ejemplo,  para producir miel, es respondida por ahora con una rotunda negativa: los insectos mutados geneticamente (transgénicos) aún están en una fase experimental, aunque con perspectivas económicas visibles para los dueños de esa tecnología.
 
Aún resta realizar numerosos estudios de impacto ambiental de este tipo de tecnologías y debe primar una visión altamente ética y equilibrada sobre las reales consecuencias de formas que podrían modificar de manera muy grave ecosistemas alrededor de todo el planeta con consecuencias catastróficas.

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