Un caso de tuberculosis en una escuela de Mar del Plata encendió las alertas sanitarias y activó de inmediato el protocolo correspondiente. Se trata de un estudiante de sexto año del Instituto Galileo Galilei, cuyo diagnóstico positivo fue confirmado en las últimas horas.
Tras conocerse el caso, las autoridades del establecimiento educativo se comunicaron de manera urgente con el Municipio para implementar el Programa Municipal de Control de Tuberculosis, en coordinación con la Secretaría de Salud, la Región Sanitaria VIII y el sistema educativo.
Como parte del procedimiento, se iniciaron tareas de identificación, evaluación y control de contactos estrechos, es decir, aquellas personas que compartieron espacios cerrados y prolongados con el estudiante.
Además, el Municipio organizó una reunión informativa con directivos, docentes, alumnos y familias del curso afectado. Allí se brindaron detalles sobre la enfermedad, formas de contagio, medidas preventivas y los pasos a seguir. También se asignaron turnos para estudios clínicos a quienes deben ser evaluados.
En paralelo, tanto la familia del joven como sus contactos más cercanos continúan bajo seguimiento médico.
El operativo se articula con distintas instituciones del sistema de salud local, entre ellas hospitales públicos, centros de atención primaria, el Instituto Nacional de Epidemiología y el CEMA. Este trabajo conjunto permite una respuesta rápida ante cada nuevo diagnóstico, en base a protocolos previamente establecidos.
Lejos de ser una patología del pasado, la tuberculosis sigue presente. Se trata de una enfermedad infectocontagiosa causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, también conocida como Bacilo de Koch.
Afecta principalmente a los pulmones, aunque puede comprometer otros órganos. Es curable, prevenible y de tratamiento gratuito, pero requiere diagnóstico temprano y cumplimiento estricto del tratamiento.
La transmisión ocurre de persona a persona a través del aire, mediante gotas expulsadas al toser, estornudar o hablar. El riesgo aumenta en ambientes cerrados, mal ventilados y con exposición prolongada (más de 30 horas semanales).
Entre los principales signos de alerta se encuentran:
Ante estos síntomas, es clave consultar de inmediato al sistema de salud.
El estudio principal es la baciloscopía, que analiza muestras de esputo para detectar la presencia del bacilo. En algunos casos, se complementa con cultivos para mayor precisión, especialmente cuando hay sospecha clínica pero resultados iniciales negativos.
El tratamiento consiste en antibióticos que deben tomarse durante al menos seis meses. Es fundamental no interrumpir la medicación, ya que esto puede generar resistencia bacteriana y complicar la recuperación.
Aunque la persona deja de contagiar a las pocas semanas de iniciar el tratamiento, debe continuarlo hasta completarlo para lograr la cura total.
Para reducir el riesgo de contagio, se recomienda: