Cuando Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023, prometió un "shock" para sanar décadas de desequilibrios. Lo cumplió. Pero el shock lo absorbieron, casi en su totalidad, los trabajadores, los jubilados y las pymes. Durante 2024, la economía argentina atravesó una de sus recesiones más profundas en veinte años: el consumo privado se desplomó a niveles no vistos desde 2002, la pobreza llegó al 54,8% y el poder adquisitivo de la mayoría de la población retrocedió décadas.
Este artículo detalla, con datos duros, cada uno de los mecanismos que produjeron ese deterioro.
Antes de que los argentinos pudieran reaccionar, el gobierno devaluó el peso más del 50% en una sola jornada. El 13 de diciembre de 2023, el tipo de cambio oficial pasó de 366 a más de 800 pesos por dólar. De un día para el otro, todo lo que tenía componente importado —alimentos, insumos industriales, combustibles, electrónica— se encareció de golpe. Los salarios, en cambio, no se actualizaron de inmediato: las paritarias se negocian con rezago, a veces de meses.
El resultado fue una transferencia masiva de ingresos desde los trabajadores hacia los sectores exportadores y financieros. La "licuación" inflacionaria ya había comenzado.
La devaluación se trasladó velozmente a los precios. En enero de 2024, la inflación mensual fue del 20,6%. En febrero, del 13,2%. En solo dos meses, la inflación acumulada superó el 50%, con el rubro alimentos liderando la suba. Familias que apenas llegaban a fin de mes con el gobierno anterior vieron evaporarse su capacidad de compra antes de poder negociar ningún aumento.
Para julio de 2024, la inflación interanual acumulaba el 263,4%, mientras los salarios:
Todos, sin excepción, perdieron poder adquisitivo.
Uno de los pilares del ajuste fiscal fue la quita de subsidios a la energía y el transporte. Las consecuencias en el bolsillo familiar fueron brutales:
El efecto fue silencioso pero devastador: los gastos fijos del hogar —luz, gas, transporte— pasaron de representar el 15,6% de la canasta familiar al 22,7% en apenas diez meses. Calculando ingresos menos gastos fijos, la pérdida real del ingreso disponible fue del 14,5% entre noviembre de 2023 y septiembre de 2024.
Dato clave: un restaurante de Posadas (Misiones) reportó una caída del 40% en sus ventas durante todo 2024. No fue una excepción: fue la norma en todo el país.
El gobierno de Milei logró el superávit fiscal más rápidamente que cualquier administración anterior. El costo fue enorme. El gasto público se redujo en términos reales un 28,5% durante 2024. ¿Dónde cayó el hacha?
| Rubro recortado | % del ajuste total |
|---|---|
| Jubilaciones y pensiones no contributivas | 25,3% |
| Obra pública (inversión en capital) | 23,2% |
| Subsidios económicos (energía/transporte) | 14,5% |
| Programas sociales | 8,8% |
| Salarios del Estado | 8,6% |
| Transferencias a provincias | 7,0% |
| Universidades nacionales | 3,9% |
El ajuste no fue equitativo. Recayó sobre los sectores más vulnerables y sobre servicios esenciales que sostenían la actividad económica interna.
Los trabajadores del Estado sufrieron la pérdida más pronunciada. Al primer trimestre de 2025, los salarios públicos estaban 15,1% por debajo del nivel previo a la asunción de Milei y casi 20% por debajo del cierre del mandato de Macri. Comparando con noviembre de 2015, la pérdida acumulada llegó al alarmante 38,4%.
El salario mínimo, vital y móvil tuvo un destino aún más triste:
En términos históricos, el salario mínimo retrocedió a valores inferiores a los de los años noventa.
El 49,4% de los jubilados argentinos cobra el haber mínimo o menos. Y ese haber mínimo fue uno de los más castigados por el ajuste. Los números son contundentes:
La derogación por decreto de la fórmula de movilidad previsional —que actualizaba haberes según inflación y salarios— fue el instrumento que habilitó este deterioro. El Congreso votó luego una nueva fórmula, que Milei vetó.
El gobierno paralizó completamente la inversión en obra civil. Las consecuencias se propagaron en cadena:
La construcción es históricamente uno de los sectores con mayor efecto multiplicador en la economía: por cada peso invertido, genera múltiples empleos y actividad en industrias vinculadas. Cuando se frena, el impacto se ramifica.
Los números macroeconómicos confirmaron lo que la gente ya sentía en el supermercado y en el kiosco:
Las proyecciones del momento indicaban que 2024 cerraría como uno de los peores años en consumo masivo de las últimas tres décadas, superando incluso el piso de la crisis de 2001.
El gobierno exhibió cifras de desempleo como logro, pero los datos del mercado laboral contaban otra historia. Si bien el número de ocupados al cierre de 2024 fue levemente superior al de fines de 2023, la calidad del empleo se deterioró severamente:
Más gente trabajando, sí. Pero más en negro, con menos derechos y con salarios más bajos.
Menos consumo implicó menos recaudación. Y menos recaudación generó más presión para seguir ajustando. Un círculo vicioso clásico:
Con menos ingresos fiscales, el gobierno profundizó los recortes para mantener el superávit prometido, lo que a su vez deprimió más la actividad y el consumo.
El dato que completa el cuadro y que suele quedar fuera del debate público: mientras la mayoría de los argentinos perdía poder adquisitivo, algunos sectores registraron rentabilidades récord:
El costo salarial de toda la economía argentina se redujo en 66,1 billones de pesos desde el inicio de la gestión. Esos billones no desaparecieron: se transfirieron hacia el capital concentrado.
A partir del segundo semestre de 2024 y a lo largo de 2025, algunos indicadores comenzaron a mejorar: la inflación descendió al 2,8% mensual en abril de 2025, el PIB rebotó con fuerza y el sector privado formal recuperó parte del poder de compra perdido. La pobreza, que había llegado al 54,8%, descendió al 31,7% en el primer trimestre de 2025.
Sin embargo, esa recuperación fue profundamente desigual. Quienes trabajan en el sector privado formal se recuperaron. Los jubilados, los trabajadores informales, los empleados públicos y los que perdieron el empleo en la construcción o la industria continuaron acusando el peso del ajuste acumulado.
Como señalaron los analistas: sin crecimiento inclusivo, no hay ajuste que aguante.
La gestión Milei logró en tiempo récord el equilibrio fiscal que Argentina no tenía desde hacía 14 años. Ese logro fue real. Pero su costo también fue real, enorme y recayó de forma desproporcionada sobre los sectores más vulnerables de la sociedad.
Los doce mecanismos detallados en este artículo —devaluación, inflación, tarifazos, recorte de jubilaciones, destrucción del salario mínimo, parálisis de la obra pública, precarización del empleo y concentración de la renta— no operaron en forma aislada. Operaron de manera simultánea y se potenciaron mutuamente, generando la recesión más aguda que vivió Argentina desde la crisis de 2001-2002.
El debate sobre si el sacrificio valió la pena —y sobre quiénes lo pagaron— seguirá siendo el eje central de la discusión política y económica argentina en los años que vienen.