Antes era un problema que parecía lejano, pero hoy el avance del jabalí en Tandil ya preocupa seriamente a productores rurales, técnicos y autoridades. Cada vez aparecen más ejemplares en los campos del distrito y, además de los daños que provocan en los cultivos, existe preocupación por los riesgos sanitarios y por la velocidad con la que se reproduce esta especie invasora.
El director de Asuntos Agropecuarios del Municipio, Matías Posse, explicó que en la provincia de Buenos Aires el jabalí puede cazarse bajo la modalidad de caza plaguicida, es decir, sin un límite de ejemplares, siempre que se respeten los permisos y requisitos que marca la ley.
Pero enseguida aparece una contradicción.
Sí, el animal puede cazarse. Lo que no se puede hacer es vender su carne.
¿Por qué? Porque hoy no existen frigoríficos habilitados para faenar esos animales con controles sanitarios. Entonces, quien lo caza puede consumirlo por su cuenta, pero no comercializarlo ni convertirlo en un producto que llegue legalmente a carnicerías, restaurantes o fábricas de chacinados.
Para Posse, autorizar la caza fue apenas un primer paso.
"Se puede cazar, pero no tenemos dónde hacer la faena", resumió.
El problema tampoco termina cuando el jabalí es abatido.
Después hay que saber qué hacer con la carne, las vísceras, el cuero y el resto del animal. Todo ese material puede contener enfermedades o parásitos si no se manipula correctamente.
Entre las principales preocupaciones aparece la triquinosis, aunque también existen otras enfermedades que pueden afectar tanto a las personas como a la producción porcina.
Por eso, los especialistas insisten en que no alcanza con permitir la caza si después no existe una cadena sanitaria que garantice un tratamiento seguro.
Otro dato que explica por qué el problema sigue creciendo tiene que ver con la capacidad reproductiva del jabalí.
Según explicó Posse, una hembra puede tener dos camadas por año, con alrededor de diez crías cada vez.
Traducido en números, significa que una población puede multiplicarse muy rápido si no existe un control permanente.
Por eso, desde la Comisión de Lucha contra las Plagas Agrícolas hoy el foco está puesto en estudiar cómo se mueve la especie, cuántos ejemplares hay y cuál es la mejor estrategia para reducir su expansión.
Esa es una de las preguntas que todavía nadie pudo responder del todo.
En reuniones realizadas con autoridades provinciales, especialistas señalaron que para lograr un verdadero impacto habría que eliminar aproximadamente la mitad de los jabalíes que habitan el distrito.
Pero inmediatamente aparece otro interrogante.
Si mañana se cazaran cientos de animales... ¿dónde se procesan? ¿Quién controla la carne? ¿Qué se hace con los restos?
Hoy no existe una respuesta concreta para esas preguntas.
Cuando se habla del jabalí, la mayoría piensa en cultivos destruidos. Pero los problemas son bastante más amplios.
Estos animales también rompen alambrados, dañan silobolsas, generan pérdidas en establecimientos porcinos y pueden provocar accidentes cuando cruzan caminos rurales de manera inesperada.
En una ciudad como Tandil, donde la producción agropecuaria tiene un peso muy importante, eso representa una preocupación cada vez mayor.
Desde el Municipio sostienen que el problema no puede resolverse únicamente desde el ámbito local.
Las decisiones de fondo dependen de la Provincia, mientras que Nación también debería participar en el diseño de una estrategia común.
Mientras tanto, la Comisión de Lucha contra las Plagas sigue reuniendo información junto a productores, universidades y organismos técnicos para entender mejor el comportamiento de esta especie y encontrar herramientas realmente efectivas.
Porque una cosa está clara: el jabalí sigue avanzando.
Y mientras no exista un plan integral que combine control poblacional, infraestructura para la faena, controles sanitarios y reglas claras para el destino de los animales capturados, la plaga seguirá creciendo y causando cada vez más problemas en el campo bonaerense.