22/07/2026 - Edición Nº588

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Mundial conspiranoico: El test definitivo que muestra que no hay que "informarse" por redes sociales

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Con el paso de los años las redes sociales fueron transformando su carácter y de ser una oportunidad democratizadora, que elevara voces silenciadas o que representara una herramienta que enriqueciera los debates, se transformó en una cloaca infecta dónde abunda la desinformación, el agravio gratuito y las teorías conspirativas más descabelladas no como excepción, sino como norma.

Gracias a la intervención de diferentes intereses en pugna que han financiado toda clase de campañas de manipulación de la opinión pública (donde la intención de brindar información no existe ni como aspiración), las redes sociales en su conjunto ya se presentan de manera manifiesta como un elemento que está desintegrando el diálogo social y sirve como elemento fundamental de control de masas y de creación de narrativas ilusorias que son usadas para ficcionar concensos y estigmatizar a determinados grupos segmentando audiencias que no son conscientes de la manipulación a la que están siendo sometidas.

Un ejemplo claro de ello ha sido la campaña "anti Argentina" propalada primero desde la red social X, que según algunas versiones estaría impulsada por una agencia israelí vinculada a servicios de inteligencia, y que llegó a acusar masivamente a todo el país de "racismo" sin argumentos y contradiciendo 200 años de historia de uno de los países más abiertos del mundo en cuestiones de extranjería, raza o religión. Antes, el runrun en redes sociales instalaba la idea que la selección argentina de fútbol era tramposa y favorecida por la FIFA, algo que tampoco tiene fundamentos, pero era repetido sistemáticamente por trolls, bots y un ejército de aficionados molestos con la posición exitosa del equipo argentino tras varios años de victorias consecutivas en distintos certámentes.

La campaña anónima, como todas las campañas de redes sociales, parece haber surgido de la nada y entre tanto ruido resulta muy difícil establecer de dónde viene y quiénes están detrás más allá de algunas sospechas. La misma herramienta de desinformación usa diariamente el gobierno de Javier Milei con ampliaciones permanentes de los gastos reservados de la SIDE (desde donde se dirigen campañas de desinformación constante en redes sociales) o mismo en campañas electorales de menor rango, como lo que usó en varias oportunidades el municipio de Necochea para imponer políticas impopulares de la mano de su aparato de propaganda abiertamente desinformadora.

Un informe elaborado por la agencia Reputación Digital, basado en métricas tomadas de las redes sociales, pudo establecer que las teorías conspirativas no sólo marcaron la tónica del Campeonato Mundial de Fútbol este 2026, sino que también le han dado el cierre de oro con la explosión de toda clase de versiones tras la final, con fuertes sospechas de que existió un "arreglo" para que la selección argentina se dejara ganar.

En el informe se hace un recorrido estadístico sobre la cantidad de menciones a ciertos tópicos que fueron construyendo una narrativa de descrédito sobre los resultados de la final. Durante todo el torneo medios de comunicación de habla hispana (principalmente de México y España, aunque con repercusiones en el resto de los países latinoamericanos) se hicieron eco de la caja de resonancia desinformativa que funcionaba en las redes sociales y sin más argumentos que la opinión de los presentadores de noticias y panelistas, instalaron tantas suspicacias contra la selección argentina que lo convirtieron en narrativa. Eso permitió que tras el resultado final, surgieran nuevos relatos conspiranoides que respondieran a los primeros.

El proceso fue lineal: trolls y usuarios falsos repiten hasta el hartazgo sus acusaciones falsas, algunos medios los validan con comentarios livianos y la audiencia los vuelve a replicar en redes sociales. Luego se vuelve a alimentar la narrativa con datos que se construyen sobre esos discursos y se lleva el debate al siguiente nivel otra vez en los medios de comunicación. Cuando la narrativa está instalada, no importa la verdad, sino la polémica. Y en el camino, se destruye toda credibilidad y consenso y es reemplazado por un relato que se ajusta a prejuicios ficcionados y sin argumentos.

El informe revela que tras esa licuación, alimentada por episodios puntuales como las declaraciones irresponsables de algunos actores (como el caso de periodistas mexicanos y españoles, el DT de Egipto o algunos jugadores), generaron un clima que resultó apto para pasar las acusaciones a un plano aún más grave y llevaron la conversación a un plano político, en el que el tema Malvinas terminó afectando al gobierno y las acusaciones de racismo pudieron observarse de parte de gente que obviamente desconoce abiertamente la cultura de nuestro país. 

El informe resume ters conclusiones:

1. El fútbol es el laboratorio de la desinformación política argentina: mismos mecanismos, misma velocidad, otra camiseta.

2. Las teorías no nacen de la nada: se fabrican sobre hechos reales. Por eso funcionan, y por eso hay que medirlas.

3. La teoría que más rápido crece nació en redes, no en medios, y muestra señales de empuje artificial. Nadie la estaba mirando.

Más allá de cualquier informe o comentario periodístico interesado, lo que muestra este proceso de abierta desinformación es que el diálogo social, lejos de haberse democratizado como prometía el marketing de las redes, está completamente destruído, sin fuentes de información confiables y con intereses económicos y políticos inconfesables dirigiendo cada movimiento, convirtiendo a las redes sociales en una fuente de desinformación tan nociva que está perjudicando a los usuarios mucho más de lo que llega a sintetizar desde su posición.

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