14/08/2026 - Edición Nº611

Necochea

"Llevan otro celular al trabajo por si los afanan": El asalto a un playero en Quequén puso en evidencia el riesgo al que están expuestos

13/08/2026 18:48 |



(*) V. Vértiz

En la madrugada de este jueves, Quequén fue escenario de un preocupante episodio de inseguridad. Alrededor de la medianoche, dos delincuentes armados que irrumpieron en la estación de servicio de 519 para perpetrar un robo. La víctima fue un playero que se encontraba cumpliendo su turno. Los malvivientes encañonaron al trabajador y le exigieron la recaudación. Además del dinero en efectivo, los malvivientes le sustrajeron al empleado su teléfono celular personal antes de emprender la huida.

La denuncia fue radicada de inmediato, dando inicio a las actuaciones legales correspondientes. El hecho fue caratulado como “Robo agravado por el uso de arma de fuego”. La investigación del caso se encuentra ahora bajo la órbita de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N° 30 de Necochea, que busca identificar y dar con el paradero de los responsables.

Este hecho puso de relieve una realidad que, hasta el momento, permanecía oculta de la luz pública: los playeros de las estaciones de servicio están a merced de los delincuentes y son constantemente asaltados, en hechos que muchas veces no son denunciados ni llegan a tomar estado público. 

Algunos testimonios recabados en off por este medio señalan que la situación de indefensión por parte de los playeros está totalmente nturalizada, al punto que, muchos de ellos, cuentan con dos celulares: uno para su vida diaria y otro -más precario- para llevar al trabajo por si son víctimas de un robo y tienen que entregarlo. 

La inseguridad alcanzó, nuevamente, puntos de suma tensión en Necochea y Quequén. Los constantes asaltos a mano armada y las olas de escruches en los barrios evidencian que la situación está desbordada. El fracaso de la política empleada por Arturo Rojas en materia de seguridad nuevamente muestra su peor cara. 

Cámaras y "encomendarse a dios"

Sobre el final del primer mandato del intendente Rojas, el Ministerio de Seguridad bonaerense difundió los índices de inseguridad en toda la Provincia y los datos fueron lapidarios para nuestro distrito: en un año, el delito había aumentado exponencialmente, siendo la segunda ciudad con mayor crecimiento de este flagelo, superando a las localidades más calientes del conurbano, como La Matanza, Merlo o Morón.

El dato encendió todas las alarmas y obligó a Nueva Necochea, ya lanzado en campaña entonces, a demostrar algo de gestión al respecto. Con el correr de los meses, fueron reviviendo el Centro Operativo de Monitoreo que había montado Facundo López en su gobierno. La mudanza desde el Centro Cívico al edificio en el cual funciona hoy, en 58 y 65, dio inicio a una serie de anuncios tendientes a la "puesta en valor" de la oficina, que prometía ser una herramienta clave para la prevención del delito.

Hoy, casi cuatro años después de la revitalización del COM, apenas si ha servido para producir videos de accidentes o robos menores que son republicados por medios afines al Ejecutivo municipal y configuran una especie de "show del blooper". En materia de prevención, poco y nada, hasta el momento. El femicidio de Magalí Vera también expuso gravemente la poca eficacia del Centro de Monitoreo: las imágenes más elocuentes, que sirvieron de prueba en el juicio, fueron aportadas por cámaras privadas que los vecinos instalaron en su casa por cuestiones de seguridad.

Por otro lado, la coordinación entre el Municipio y la Policía Bonaerense no parece estar demasiado aceitada. Si bien, el área de Seguridad del Ejecutivo está manejada por un expolicía de alto rango, quien lleva adelante esa gestión es el Secretario de Gobierno, Jorge Martínez, a quien señalan como un "peón útil" encargado de patear la pelota hacia adelante. 

Así las cosas, la política de seguridad oficial no ha ido más allá de vigilar y "encomendarse a dios" para que la ley natural contenga el accionar delincuencial. La gravisima crisis económica del país y las situaciones de vulnerabilidad extremas configuran un cóctel demasiado peligroso como para dejar la contención social en manos de la suerte.

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