Las temperaturas del Pacífico ecuatorial dejaron de subir al ritmo de las semanas anteriores. Sin embargo, los principales indicadores climáticos todavía muestran un escenario compatible con un El Niño de intensidad extraordinaria, con anomalías que podrían acercarse a los 3,5 °C durante el pico del fenómeno.
Después de varios meses de fuerte incremento en las temperaturas superficiales del océano Pacífico, El Niño registró una estabilización temporal en sus principales indicadores.
De acuerdo con la actualización semanal difundida por la NOAA este lunes 24, la anomalía de la temperatura superficial del mar (TSM) en la región Niño 3.4 se ubicó en +1,8 °C, el mismo valor registrado durante las dos semanas anteriores.
En tanto, la anomalía absoluta —un indicador que también contempla el calentamiento de las capas más profundas del océano— mostró una leve baja: pasó de +2,7 °C a +2,6 °C.
La variación es pequeña, pero llamó la atención porque se produce después de un período marcado por un calentamiento sostenido del Pacífico tropical.
Los especialistas advierten que no alcanza con observar los datos de una semana para determinar un cambio en la evolución de El Niño.
El fenómeno climático no se desarrolla de manera lineal. Incluso durante los episodios más intensos pueden producirse períodos de estabilidad o pequeñas disminuciones en las temperaturas superficiales del océano.
Los registros semanales, además, pueden verse afectados por procesos atmosféricos y oceánicos de corta duración. Por eso, los organismos especializados utilizan principalmente promedios mensuales y trimestrales para evaluar la intensidad y la evolución de El Niño.
En otras palabras, una modificación de algunas décimas de grado durante una semana no necesariamente representa un debilitamiento del fenómeno ni permite anticipar cuál será su intensidad definitiva.
Uno de los factores que podría haber contribuido a la reciente estabilización es el comportamiento de la Oscilación Madden-Julian (MJO), un patrón de variabilidad atmosférica tropical que puede modificar temporalmente las condiciones sobre el Pacífico ecuatorial.
Durante agosto, la MJO avanzó brevemente hacia la fase 6, una etapa que puede favorecer procesos de calentamiento en la región Niño 3.4. Sin embargo, su amplitud fue moderada y permaneció allí durante un período relativamente corto.
Como consecuencia, no se generaron con la intensidad esperada las anomalías de viento del oeste capaces de aportar un impulso adicional al calentamiento del Pacífico.
Los pronósticos habían anticipado que la MJO podría favorecer un incremento de las temperaturas oceánicas durante la segunda mitad de agosto. Ese aporte terminó siendo más limitado de lo previsto.
Esto no significa que El Niño haya perdido fuerza. Simplemente, uno de los mecanismos atmosféricos que podía contribuir a acelerar el calentamiento no tuvo el comportamiento esperado.
Pese a la pausa de las últimas semanas, los indicadores disponibles continúan mostrando condiciones compatibles con un El Niño muy intenso, al punto de que distintos análisis lo ubican dentro de la categoría conocida popularmente como "Super El Niño".
Las proyecciones climáticas siguen anticipando anomalías extremadamente elevadas durante la primavera y comienzos del verano austral, con valores que podrían aproximarse a los 3,5 °C en el momento de mayor intensidad.
El escenario, por lo tanto, continúa siendo excepcional y requiere seguimiento durante los próximos meses.
La principal conclusión es que la estabilización actual no debe interpretarse como el final ni como un debilitamiento definitivo de El Niño.
Para determinar si el fenómeno efectivamente perdió intensidad será necesario observar cómo evolucionan las temperaturas del Pacífico durante períodos más prolongados y, especialmente, cómo responden los indicadores oceánicos y atmosféricos.
Por ahora, los datos semanales muestran una pausa después de meses de fuerte calentamiento, pero la tendencia de fondo continúa apuntando hacia un episodio de características extraordinarias.
El comportamiento de El Niño durante las próximas semanas será clave para determinar si esta estabilización representa simplemente una pausa dentro de un proceso de calentamiento mayor o si comienza a marcar un cambio más significativo en la evolución del fenómeno climático.