La renovación del servicio de colectivos está quedando condicionada por el estado de las calles de tierra en Necochea y Quequén: con casi 4 mil calles de tierra en todo el ejido urbano, las empresas advierten sobre el desgaste de las unidades y cuestionan la cantidad de calles en mal estado que deberían recorrer. La respuesta del gobierno de Arturo Rojas: una gacetilla de prensa que muestra trabajos de repaso en apenas tres calles. Casi siete años después del inicio de su gestión, la Nueva Necochea no asfaltó ni una sola cuadra.
Hay algo que resulta difícil de disimular cuando una gestión municipal lleva siete años en el poder: el tiempo empieza a convertirse en una medida de las promesas incumplidas.
En Necochea, una de las principales dificultades para renovar la concesión del servicio de colectivos no estaría solamente en los números de la licitación, las frecuencias o las condiciones económicas de la prestación. Ahora aparece otro problema mucho más elemental: las calles.
Se sabe que los interesados en participar del tercer llamado a licitación para prestar el servicio de transporte urbano vienen planteando reparos por la cantidad de calles de tierra que deberían atravesar los colectivos.
Según lo analizado en las reuniones, los recorridos actuales contienen hasta un 40% de calles de tierra. Las empresas advierten que el estado de esas arterias genera un desgaste significativo en las unidades y condiciona su decisión de presentarse a la licitación.
Entre las alternativas que comenzaron a discutirse aparece incluso la posibilidad de establecer un límite del 3% de calles de tierra dentro de los recorridos. Es decir: una de las condiciones para conseguir empresas dispuestas a hacerse cargo del transporte público podría terminar siendo algo tan básico como garantizarles que los colectivos puedan circular por calles en condiciones razonables.
En medio de esta discusión, la Comuna responde con lo de siempre: propaganda capciosa que busca instalar que lleva adelante trabajos de mantenimiento aunque la evidencia diaria de miles de vecinos muestra lo contrario. Poniendo la lluvia como excusa, la Comuna intenta justificar su inacción de 7 años con el clima para tratar de salir indemne. En lo tangible, los datos enseñan que en 7 años la Nueva Necochea de Arturo Rojas no asfaltó ni una sola cuadra nueva en las calles de la ciudad.
Tratando de tapar el sol con un dedo, la propaganda oficial habla de una “presencia constante” en distintos barrios de Necochea y Quequén y enumera trabajos de repaso y reconstrucción. Las tareas mencionadas se concentran en calle 48, entre 77 y 85; calle 79, entre 48 y 50; y calle 83, entre 42 y 50, con distintos trabajos de mantenimiento y repaso. La Municipalidad acompañó la comunicación con imágenes de la maquinaria trabajando.
El problema es que esas imágenes, lejos de responder al cuestionamiento de fondo, terminan exponiéndolo. Porque una cosa es demostrar que una máquina municipal está trabajando y otra muy distinta es demostrar que existe una política de infraestructura vial capaz de resolver el problema estructural de la ciudad. Tres calles intervenidas en una semana no constituyen una respuesta a un sistema de transporte cuyos recorridos pueden contener hasta un 40% de calles de tierra. Mucho menos después de casi ocho años de gestión.
El problema no es que la máquina salga. Nadie podría cuestionar que una máquina municipal salga a reparar una calle. El problema es utilizar una intervención puntual como demostración de que el problema está siendo solucionado cuando la dimensión de la dificultad es infinitamente mayor.
Necochea y Quequén tienen miles de calles de tierra. En el debate local se habla de unas 4.000 arterias en esa condición. Si ese es el tamaño del problema, entonces la discusión no puede reducirse a si una máquina pasó por calle 48, calle 79 o calle 83.
La verdadera pregunta es otra: ¿Cuántas calles de tierra logró convertir en calles consolidadas o pavimentadas el gobierno de Arturo Rojas durante casi ocho años de gestión? Y ahí aparece uno de los aspectos más incómodos de la Nueva Necochea de Rojas y compañía.
Según el planteo crítico que surge de la propia realidad que enfrenta hoy el municipio, el gobierno de Rojas no ha logrado asfaltar integralmente por gestión municipal ni una sola cuadra que permita mostrar como resultado propio una política sostenida de pavimentación capaz de modificar sustancialmente el mapa vial del distrito.
La discusión por el transporte público termina funcionando como un espejo de un problema mucho más amplio. Las empresas necesitan calles transitables porque los colectivos no son vehículos diseñados para soportar indefinidamente recorridos sobre caminos deteriorados.
Los usuarios necesitan calles transitables porque de eso también depende la regularidad del servicio. Y el Municipio necesita resolver las calles porque, en definitiva, es quien tiene la responsabilidad sobre la infraestructura urbana.
Por eso resulta paradójico que la renovación del transporte termine chocando contra un problema que lleva años bajo responsabilidad municipal. El Municipio pretende que las empresas mejoren el servicio, reduzcan los tiempos de espera y sostengan recorridos adecuados. Los concejales buscan establecer mejores frecuencias. Las empresas, mientras tanto, miran las calles y hacen números sobre cuánto les costará mantener sus unidades circulando por ellas.
La prórroga otorgada a Transportes Necochea, la empresa que actualmente presta el servicio, vence el 2 de octubre. Hasta el momento, según la información disponible, no se produjeron contactos entre la empresa y el Municipio para definir qué ocurrirá después de esa fecha. Y el nuevo proceso licitatorio, por sus propios tiempos administrativos y legislativos, podría extenderse más allá del vencimiento de la prórroga.
La pregunta, entonces, deja de ser solamente quién ganará la próxima licitación.
La pregunta urgente es: ¿Qué va a pasar con los colectivos después del 2 de octubre si todavía no existe una nueva concesión adjudicada? Y detrás de esa pregunta aparece otra: ¿Qué empresas estarán dispuestas a hacerse cargo de un servicio cuyos recorridos atraviesan hasta un 40% de calles de tierra? Casi ocho años para una respuesta que todavía no llega