La imagen del presidente Javier Milei atraviesa su momento más delicado desde el inicio de su gestión, y hay tres factores que explican el deterioro: inflación persistente, deterioro del empleo y creciente preocupación por la corrupción. Así lo revela el último relevamiento de AtlasIntel para Bloomberg News, que marca una aprobación del 35,5% frente a un rechazo del 63%.
El retroceso no es menor. A comienzos de 2026, el respaldo al mandatario rondaba el 44%, con una desaprobación del 51,6%. En apenas cuatro meses, la caída se profundizó más de 20 puntos en el balance neto, configurando un escenario de desgaste acelerado.
Uno de los pilares del discurso oficial fue la baja de la inflación. Sin embargo, los datos actuales muestran que ese objetivo todavía está lejos.
La suba de precios mensual se mantiene cerca del 3%, muy por encima de la meta de perforar el 1% durante este año. Esta persistencia inflacionaria impacta directamente en el poder adquisitivo, especialmente en los sectores más vulnerables, y erosiona la credibilidad de la política económica.
El malestar social encuentra aquí una de sus principales explicaciones: la expectativa de una mejora rápida no se concretó.
El segundo factor clave es el empleo. El desempleo alcanzó el 7,5% hacia fines de 2025, marcando el nivel más alto para un cuarto trimestre desde la pandemia.
Además, casi tres cuartas partes de los encuestados califican negativamente la situación del mercado laboral, mientras que un 65% considera mala la situación económica general.
El crecimiento no es homogéneo: sectores como energía y minería muestran dinamismo, pero la construcción y la industria manufacturera siguen en retroceso, lo que limita la generación de empleo.
El tercer eje es la corrupción, que encabeza la lista de preocupaciones ciudadanas según el relevamiento.
Las denuncias y el clima de sospecha impactan de lleno en la percepción pública del Gobierno, en un contexto donde la transparencia era uno de los valores más asociados a la figura presidencial durante la campaña.
Este factor, combinado con la situación económica, potencia el desgaste de la imagen.
El informe también permite identificar patrones claros:
En términos etarios, los jóvenes de entre 16 y 24 años siguen siendo el grupo más afín, aunque sin compensar la caída general.
El desgaste también se refleja en el territorio:
Este escenario muestra que la pérdida de apoyo no se limita a un sector puntual, sino que se expande a nivel nacional.
Pese a la caída, el presidente conserva un respaldo sólido en su base electoral: el 83,5% de los votantes de La Libertad Avanza mantiene su apoyo.
Sin embargo, el resto del electorado presenta niveles de rechazo que van del 88% al 100%, consolidando una polarización extrema, sin espacios intermedios.
Inflación que no cede, empleo en tensión y preocupación por la corrupción conforman un combo que explica el deterioro de la imagen presidencial.
El desafío para el Gobierno será revertir estas variables en un contexto económico complejo y con una sociedad cada vez más exigente. Mientras tanto, los datos marcan una tendencia clara: el apoyo se achica y el malestar crece.